Domingo , septiembre 23 2018
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Absurdo total

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Desde hace un tiempo se viene hablando de lo poco que tienen en común los 2 sectores políticos más importantes que conforman la alianza opositora Ganar. El mismo Fernando Lugo reconoció recientemente que no tienen visión común ni de la política, la ideología y la economía, 3 pilares en los que tendría que estar basado un programa de gobierno.

Pero hay algo que hasta ahora nadie ha mencionado. La violencia generada por el PLRA y sus socios de turno, que impidió que el Parlamento pudiera tratar el proyecto de enmienda constitucional, que hubiera permitido la reelección de Fernando Lugo, es lo que hizo posible que hoy sea Efraín Alegre el candidato de la oposición.

Analicemos esta situación. Desde fines del 2016, cuando la ANR empezó a manifestar su interés en lograr la reelección presidencial a través de una enmienda constitucional, el Frente Guasu y el llanismo liberal dieron su contundente apoyo. Y ese apoyo no tenía nada que ver con el interés de que Horacio Cartes pudiera ser reelecto, sino porque una enmienda permitiría que pudiera volver a postularse el mismo Lugo, el único que podía volver a aglutinar a toda la oposición y lograr un importante caudal electoral en el interior del país.

Cuando Alegre reaccionó indignado por la supuesta violación a la Constitución que se estaba “urdiendo” entre el oficialismo colorado, el FG y el llanismo, no lo hizo ni por patriotismo ni porque le asustara –en una primera etapa- la candidatura de Cartes. Fue, simple y llanamente, porque sabía que si Lugo estaba habilitado, él no tendría ninguna chance de encabezar una alianza opositora.

Y se salió con la suya. Al eliminarse la posibilidad de la enmienda y renunciar Cartes a pelear por la reelección para estas elecciones, a Efraín se le abrió el camino para conseguir la candidatura de la oposición, la que hoy ostenta orondo y convencido de que ganará las elecciones, porque, además, al eliminar a Lugo eliminó al enemigo posterior, el mismo que ya había sido su verdugo en el 2013.

Así que, si Lugo fue la primera víctima de Alegre y sus compinches, que truncaron sus ambiciones de postularse a un segundo mandato, ¿en qué cabeza cabe que ambos pudieran lograr un acuerdo electoral con bases ciertas y positivas, para hacer un gobierno mínimamente coherente y que beneficie a la ciudadanía?

Y ni siquiera estamos recordando lo ocurrido en el 2012, o mejor, desde el 2008, cuando, ni bien asumido el gobierno de la alianza, el PLRA se dedicó a conspirar y a poner palos a la rueda porque Federico Franco había aceptado ser el segundo de abordo con la única intención de ponerle zancadillas a su aliado para llegar al poder por la ventana.

La traición se concretó en el 2012, cuando Franco se alió a sus enemigos de siempre, los colorados, para echar a patadas a Lugo de la Presidencia. Y no importa que ahora digan que las heridas están sanadas, que ahora se harán mejor las cosas y que pitos y que flautas.

Lo único cierto aquí es que es imposible pensar en la posibilidad de un gobierno aliado que pueda mínimamente manejarse de manera digna habiendo tantas traiciones y desengaños entre sus principales protagonistas. Lo más probable es que Lugo odie a los liberales, por haberlo traicionado en el 2012, y a Alegre por haberle boicoteado la reelección.

A lo mejor la intención del FG es devolverle el favor a sus aliados, y, desde la Vicepresidencia, hacer lo mismo que hicieron los liberales cuando estuvieron en esa situación. Siempre y cuando consigan ganar las elecciones, por supuesto.

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