Miércoles , octubre 17 2018
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Absurdo total

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Por: Marilut Lluis O’Hara
Por: Marilut Lluis O’Hara

A mí también me hubiera gustado hacerle una entrevista exclusiva a Pavâo. A lo mejor estoy un poco pichada porque la nueva estrella de las cárceles paraguayas no escogió a ADN como uno de los medios para promocionarse. Es algo que va adherido a nuestra piel como periodista, soñamos con estar frente a frente con grandes asesinos, temibles locos o personajes que, cuanto más nefastos, más atracción ejercen.

Hasta ahí, todo bien. Porque asumo que al estar frente al personaje, el tema girará en torno a su pasado, lo que hizo y lo que piensa de lo que hizo. A nadie se le ocurriría pedirle que haga un análisis político sobre la situación nacional o le preguntaría su opinión sobre algún acontecimiento que no tiene nada que ver con él.

Y ahí es donde me pierdo y me rebelo contra esta forma servil de ejercer el periodismo, en donde ponemos a todos en la misma bolsa, buenos, malos, honestos, corruptos, y a todos se les hacen la misma pregunta, como si los entrevistadores tuvieran un guión preelaborado, destinado solo a llenar espacios sin que interese mínimamente el fondo de la cuestión.

Yo no puedo creer que a un periodista cualquiera se le ocurriera preguntarle a Federico Franco su opinión sobre lo que hizo Paraguayo Cubas, y, encima, le dé espacio en su medio como si lo que respondiera tuviera algún valor. No puedo creer que el periodismo paraguayo sea tan mediocre, tan bajo, que no sea capaz de negar espacio a los badulaques que durante años, y cada vez que tuvieron oportunidad, se cagaron en nosotros, en nuestros hijos y en nuestros sueños.

Y Franco es solo un ejemplo. Hay muchos badulaques que son buscados por la prensa nacional como si fueran grandes analistas, aunque nadie pudiera tomarles en serio porque todos conocemos su trayectoria.

Los medios de comunicación tienen una influencia poderosa en la ciudadanía. A lo mejor, si actúan en consecuencia, pudieran suplir la ineficiencia y venalidad de la Justicia, dando una sanción moral a los delincuentes, no permitiendo que tengan espacios, los que, en serio, tendrían que estar destinados solamente a las personas creíbles, esas cuya opinión pesa y duele.

Alguno me dirá que no habría suficientes materiales para llenar todos los espacios, porque la credibilidad y la honestidad no son atributos que abunden en nuestra clase política. Otros, que lo que dice el badulaque conocido vende más que el honesto desconocido y que, finalmente, los medios de comunicación son un negocio. Todos tienen razón, pero alguna vez tendríamos que empezar a cambiar las cosas, quizá de a poco, estableciendo alguna gradación en cuanto al nivel de corrupción de los posibles entrevistados. O habría que ver qué se les pregunta y evitar que se muestren como opinólogos de la moral y las buenas costumbres de otros.

No sé. Algo habría que hacer para no seguir haciendo esta forma de periodismo tan patética, vergonzosa y falta de propuestas.

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