sábado , abril 4 2020
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Anomia jurídica y “cintarazos”

Con frecuencia escuchamos comentarios negativos respecto a la imagen de ambas cámaras del Congreso, pero ésta, en realidad, no es otra cosa más que el reflejo del marcado deterioro institucional al que está siendo sometido el poder Legislativo y, en consecuencia, la democracia misma. Hoy tenemos senadores “mau” que ocupan bancas sin haber sido electos, otros que sí lo fueron y no pudieron asumir sus cargos y alguno que se arrogó funciones de la Corte y el TSJE. También hay diputados que hace tiempo debían haber perdido la investidura, como Carlos Portillo, al presidente denunciado por graves hechos de corrupción y el insólito pedido de permiso que aprobaron a favor de Ulises Quintana para… ¡estar preso!.  No son “dimes” y “diretes”, sino casos concretos que evidencian el proceso de composición del Estado de Derecho.

En este contexto se inscribe el bochorno por partida doble que protagonizó Paraguayo Cubas el pasado miércoles, primero en el Senado, en ocasión de reunirse la Comisión de Asuntos Constitucionales para entrevistar a uno de los aspirantes al máximo tribunal de Justicia y, horas más tarde, en un canal de televisión, exhibiendo niveles de agresividad y descontrol propios de un psicópata, que requiere asistencia siquiátrica con suma urgencia.

Estos hechos, más allá del tratamiento que se les dé en la Cámara Alta y que Cubas sea sancionado por sus pares, serían intolerables en otro marco, en uno en el cual, por ejemplo, las instituciones del Legislativo funcionaran con normalidad, en el que se respetaran las reglas del juego y la observancia de la Constitución y las leyes fuera moneda corriente, en lugar de la excepción, como sucede en nuestro caso.

En efecto, el problema de fondo es que desde el “día cero”, este Congreso dejó de lado el sistema jurídico y lo sustituyó por la vigencia del “artículo 23”, en el Senado, y el “artículo 41”, en Diputados, que son las cantidades requeridas para que las actuales mayorías impongan su voluntad de manera arbitraria e ilegal, como señalamos al comienzo. Es así como vienen procediendo desde el 30 de junio, cuando se llevó a cabo el juramento de los nuevos miembros del Congreso, hasta la fecha.

A esto denominó “anomia jurídica” el profesor Juan Carlos Mendonca, uno de los hombres más avezados en materia jurídica de nuestro país, que significa la ausencia o incumplimiento de las leyes, así como de las disposiciones adoptadas por los órganos jurisdiccionales, advirtiendo entonces que por esta vía “se abre las puertas al caos y a la puesta en práctica de la ley del más fuerte”.

No es de extrañar, pues, que la “anomia jurídica” se traduzca luego en el accionar violento de algún desquiciado que habita el Congreso, como Paraguayo Cubas, ni que después encuentre alguna respuesta igual o más violenta de parte de alguien, ni que esa violencia vaya trasladándose a la sociedad, lo que alertamos que podría suceder, atendiendo la dinámica actualmente en desarrollo.

Sorprendentemente, algunos medios de comunicación apoyan estos actos, abierta o solapadamente, alentando a Cubas y otros a seguir transitando dicho camino por el simple motivo  de que el objeto de sus agresiones no goza, como antes, de su simpatía política. Un acto de reverendo cretinismo por parte de quienes no ven más allá de sus narices  y dan riendas sueltas a su irresponsabilidad, aprovechándose del legítimo malestar ciudadano por las reiteradas inconductas de sus autoridades, que sin dudas debemos combatir, pero en serio, con la ley en la mano.

La “anomia jurídica” y las “actuaciones” del senador Cubas son dos caras de una misma moneda, que debemos sacar de circulación cuanto antes, para preservar la institucionalidad democrática  y afianzarla, redoblando la lucha por la plena vigencia del Estado de Derecho, que por supuesto comprende la lucha tenaz contra el reinado de la impunidad.

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