miércoles , noviembre 20 2019
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Aunque la mona se vista de seda…

Uno no puede andar por la vida con actitudes ambivalentes, jugando a ser bueno cuando le conviene y violando las reglas de juego cuando éstas no se prestan al objetivo perseguido. Esto es exactamente lo que hace Carolina Llanes, exjueza, exasesora de IPS, exinterventora de Ciudad del Este, actual directora de Senabico y con aspiraciones de ser ministra de la Corte Suprema de Justicia.

De vivir prácticamente desapercibida en sus cargos anteriores (lo que no quiere decir que hacía bien las cosas sino que lo que hacía no le interesaba mucho a nadie) pasó a las primeras planas de los diarios cuando el presidente la nombró interventora de la administración municipal de Ciudad del Este, y llegó a la capital altoparanaense con la espada desenvainada y una misión bien clara, encontrar los elementos necesarios para justificar la destitución de Sandra McLeod.

Siempre se dijo que el premio que recibiría por auspiciar la condena contra la entonces intendenta y el clan Zacarías, sería una silla en la Corte Suprema de Justicia, ya que desde hace mucho tiempo se sabe que ser ministra es su sueño más profundo. Como el presidente no puede decidir esto porque la selección y la posterior elección corresponden a otros estamentos, sí la premió dándole la Senabico, institución que justamente tiene gran protagonismo en la lucha contra el crimen organizado.

Pero tanto boato y redoble de campanas no hicieron desaparecer las denuncias que durante su tremenda intervención se presentaron en su contra en Ciudad del Este y que llegan, incluso, a lesión de confianza por un presunto daño patrimonial de más de 5 mil millones de guaraníes (todo un récord para solo 3 meses de trabajo). La defensa de McLeod hizo una denuncia penal en su contra por este tema, porque, fuera de sus atribuciones, dispuso descuentos en tasas municipales, a pesar de que existen normas que regulan los mecanismos de exoneración.

Esto sin contar la descontratación de varios funcionarios, a pesar de que, como interventora, no tenía ninguna atribución para hacer esto. También fue denunciada por coacción alevosa contra dos funcionarios de la municipalidad.

Seguramente, Llanes pensó que con la destitución de McLeod y el hecho de que la Cámara de Diputados se basara en su nefasto informe para tomar esta decisión, las denuncias caerían en saco roto. Así que muy suelta de cuerpo, ni bien el Consejo de la Magistratura hizo el llamado para cubrir una vacancia en la Corte, ella se presentó. Y está en pleno proceso porque ya se presentó hace unos días a una audiencia pública ante la ciudadanía y los integrantes del CM.

Pero se equivocó y su pasado llegó a perseguirla. Puede que la Justicia haya decidido hacer la vista gorda y no prestar atención a las denuncias en su contra, pero lo hizo un ciudadano común, un abogado, quien decidió recurrir al consejo para ratificar las denuncias en contra de Llanes y solicitar que no se la tenga en cuenta para conformar la terna de candidatos que será enviado al Senado.

Si siendo una simple interventora de una administración municipal cometió tantas irregularidades y presuntos hechos de corrupción, en solo 3 meses, insistimos, haciendo pito catalán a lo que la ley dispone que son sus mínimas atribuciones, no queremos ni pensar en lo que podría hacer como ministra de la Corte, con todo el poder que da el pertenecer a la máxima instancia del Poder Judicial.

Nuestra Justicia necesita renovación, gente en la que se pueda confiar. Obviamente, Carolina Llanes no es una de ellas.

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