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Autor de El Principito, Antoine de Saint-Exupéry, cumple 119 años

El periodista, aviador, aventurero, movelista y militar, Antoine de Saint-Exupéry.

El autor de la best seller, El Principito, cumple hoy 119 años de nacimiento. El periodista, aviador, aventurero, movelista y militar, Antoine de Saint-Exupéry, fue mucho más que un simple escritor. Hasta hoy día su libro sigue enseñando a muchos, en colegios, escuelas y hasta los más adultos que “lo esencial es invisible a los ojos”.

“No estoy muy seguro de haber vivido después de la infancia”, le escribió Saint-Exupéry a su madre. Con apenas treinta años ya había apuntados varios logros en su casillero vital: había acabado el servicio militar, se desempeñó como piloto, había estado en el Sahara, escrito su primera novela y alcanzado el éxito literario con Vuelo nocturno (1930). De ahí que la confesión que hizo a su madre sea hoy tan relevante; a pesar de todas las aventuras, y a pesar de todas las que le quedaban por vivir, todo quedaba desdibujado a la luz de la verdadera aventura de la infancia.

Saint-Exupéry tenía cinco nombres, Antoine Jean Baptiste Marie Roger; nació en una familia aristocrática. Perdió a su cuadro cuando tenía sólo cuatro años y desde entonces, su madre cuido de él y de sus cuatro hermanos, un niño y tres niñas. Desde que faltó el padre les ayudó una tía, la condesa de Tricaud, quien les alojó bajo su protección en el castillo de Saint-Maurice-de-Rémens, muy cerca de Lyon.

El pequeño Antoine tenía una imaginación desbordante y el vuelo era uno de sus temas favoritos. Cuando le llamaban para bañarse, siempre contestaba lo mismo: “No puedo —decía con cara seria— estoy en mi aeroplano”.

Llevaba una vida intensa y se mantenía despierto incluso durante las madrugadas, escribiendo absorto, cigarrillo tras cigarrillo hasta que las colillas desbordaban el cenicero. Detestaba las convenciones sociales, el orden y las rutinas. Incluso era habitual que en mitad de la noche despertara a algún amigo para mantener una fluida charla, mientras al otro lado del teléfono, todos aguantaban entre estoicos y adormecidos.

Saint-Exupéry no era un estudiante aplicado ya que tenía más rasgos de ser un asiduo de la bohemia. Pero una estrecha relación con una prima de su madre, Yvonne Lestrange, le abrió las puertas a Antoine y comenzó a escribir poemas y ésta la animó a seguir escribiendo.

Con la influencia de escritores a quien iba conociendo, lanzó su primera novela “Correo Sur” y la segunda “Vuelo de Noche” con prólogo de André Gide. A pesar de sus primeros éxitos, el aviador no pensaba en dedicarse profesionalmente a la escritura ya que eso representaba para él una rutina de trabajo que no quería; reuniones, editores, cifras de venta, etc.

No lo tuvo fácil desde que en abril de 1921 se incorporara al Segundo Regimiento de Aviación de Estrasburgo, donde hizo su servicio militar. Ahí es donde entró en contacto con el mundo de la aviación que le fascinaba desde niño. Así que, tratando de ahorrarse los dos años de la carrera militar, se decantó por obtener la licencia civil de aviación, a pesar de lo costoso. Para ello, Saint-Exupéry pidió a su madre dos mil francos de la época para poder dar las clases necesarias. La madre, incapaz de negar nada a su hijo, solicitó un préstamo para conseguir la abultada cantidad.

Al fin logró la licencia con 21 años recién cumplidos, lo que le permitía también hacerse con la militar. Para recibir la formación fue destinado a Casablanca. A su vuelta a Francia diría: “He pasado días de melancolía al fondo de una barraca podrida, pero ahora lo recuerdo como si fuese una vida llena de poesía”. Tenía veintitrés años y ya era un joven piloto que quería seguir en el ejército, pero el amor se cruzó en el camino —y no sería el único encontronazo amoroso que le depararía la vida—. Su amada, Louise de Vilmorin, de familia rica, le exigió dejar ese mundo para poder seguir con ella. Saint-Exupéry renunció a su pasión y los jóvenes fijaron la fecha de la boda para finales de 1923.

Pero luego vio que el noviazgo no funcionaría ya que Luise estaba habituada a tratar con ministros, hombres influyentes y escritores de éxito, aquel pobre muchacho le pareció poco partido y decidió romper la relación. También vendió el anillo de prometida, por lo que Saint-Exupéry se vio sin novia y alejado de lo único que le apasionaba: pilotar aviones. Corrían los primeros meses de 1926 y añoraba pilotar, pero desesperado se tenía que contentar con los oficios que encontraba, como el de representante de la compañía de camiones Saurer, que al menos le permitía viajar.

Finalmente, en la compañía Latécoère, Saint-Exupéry conoció a muchos de los pioneros que formaron parte de la época dorada de la aviación. El 15 de diciembre de 1926, el escritor realizó su primer vuelo en solitario en un avión que transportaba el correo entre Toulouse y Perpiñán. Parece poca cosa después de los logros emocionantes que lograría más tarde: volaría por el norte de África, cruzaría el Atlántico, fue de los primeros pilotos que cruzaron el cielo nocturno sólo guiado por las estrellas y trazó una arriesgada línea de correo por los Andes. Ahí, participando de todas aquellas conquistas, se escribe la leyenda de Saint-Exupéry como piloto.

EL SURGIMIENTO DE EL PRINCIPITO

El principio fue publicada el 6 de abril de 1943.

Saint-Exupéry no imaginó que aquel piloto famoso, aventurero y periodista en la Guerra Civil Española sería tan recordado por una de sus obras que consideró una de las obras menores, igual le pareció a la editorial Gallimard que no la incluyó en su importante sello sino hasta 1946, después de la guerra y la desaparición del autor.

El principio fue publicada el 6 de abril de 1943 por la editorial Reynal&Hitchcock, en Nueva York; se convirtió en uno de los libros más vendidos y traducidos de todos los tiempos.

El aviador escribió el libro en el momento en el que el exilio y los sinsabores de algunas relaciones rotas le abocaron a una excesiva sensación de soledad.

La crisis vital requería recuperar la mirada soñadora de su infancia, escribir el cuento desde los ojos de un niño, pero el autor se desdobló a su vez en el piloto de la historia. Al final, todos los personajes y todos los símbolos —la rosa, el pequeño zorro solitario, los baobabs…-— están relacionados con su propia vida. Había llegado el momento de, por fin, tal como dijo al inicio de su carrera como escritor, plasmar la vida vivida en la escritura: eso sí, tamizada por una poesía enternecedora.

DESAPARICIÓN DE SAINT-EXUPÉRY

Saint-Exupéry fue al encuentro de su destino a pecho descubierto, viviendo de la forma más honesta que supo, siempre creyendo en un humanismo por el que luchó, ya fuera con su pluma o con su avión. Precisamente, ese ir al encuentro de su propio destino le llevó a desaparecer misteriosamente, igual que su personaje en El Principito, el aviador, acaba protagonizando su propia desaparición.

A pesar de que la edad y su maltrecha salud lo desaconsejaba, Saint-Exupéry insistió hasta lograr ser aceptado de nuevo en el ejército. Francia estaba ocupada y él siempre había sido hombre de acción. Era 1944 y le autorizaron a realizar cinco misiones de reconocimiento. La mañana del 31 de julio de 1944, partió en vuelo de reconocimiento desde su base de Córcega, pero al poco se perdió su pista y ya nunca volvió. Tal vez aprovechase para sobrevolar por última vez aquel castillo cercano a Lyon, su refugio infantil.

Con información de National Geographic.

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