Miércoles , noviembre 21 2018
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Cueva de bandidos

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Lo hicieron a plena luz del día, sin antifaces y con total impudicia, como si fuera algo normal, tipo los arreglos a los que llegan amigos  después de haberse ido de lengua en una ronda de tragos. Una palmadita en la espalda y ya está. Borrón y cuenta nueva. Así concluyó la reunión del pasado martes en el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados (JEM), cuyos miembros se mostraron satisfechos por la reconciliación entre uno de sus colegas, el senador Eduardo Petta, y la Asociación de Agentes Fiscales, que lo había denunciado públicamente nada menos que por coaccionar a miembros del Ministerio Público. Se despidieron con apretones de mano, sonrieron ante cámaras y dieron por finiquitado el pleito, dejando al descubierto que dicho organismo sigue siendo exactamente el mismo a cuando lo presidía el exsenador Oscar González Daher: Una cueva de bandidos.

Recapitulemos. En vísperas de las internas partidarias del pasado 17 de diciembre, la opinión pública tomó conocimiento de una serie de “fonopinchazos” que involucraban a miembros del Jurado en actos ilícitos, tráfico de influencia, presiones a fiscales, pedidos de coimas, etcétera. La consecuencia casi inmediata fue la destitución de González y su expulsión del Senado y la renuncia obligada del senador Jorge Oviedo Matto a la Camara Alta, además del apresamiento del secretario de la institución, Raúl Fernández Lippman.

Tales medidas se presentaron como el súmmum del combate a la impunidad que, supuestamente, tendría como consecuencia el saneamiento del organismo. Eduardo Petta y Miguel “Tito” Saguier asumieron en reemplazo de los removidos. “El cambio estaba en marcha”, proclamaban a los cuatro vientos, aunque lo único que se había hecho era una simple movida de dos piezas en el tablero, por lo cual  los más perspicaces se preguntaban por qué semejante escándalo afectaba solamente a un par de personas, siendo que se trata de un cuerpo colegiado compuesto por ocho, quienes, hasta donde sabemos, no son ciegos, ni sordos, ni mudos, y por qué tampoco se discutía el rol nefasto que siempre cumplió el Jurado de Enjuiciamiento.

Petta, siempre con sus injustificadas ínfulas napoleónicas, se presentó ante la ciudadanía como el “redentor del JEM”, el que iba a poner las cosas en su lugar, pero de manera meteórica demostró que solo era un chancho más de ese chiquero, repitiendo los vicios y procederes ilegales por los que antes había inculpado a voces a sus defenestrados colegas del Senado. Y con absoluto desparpajo, amenazó públicamente a los fiscales del caso que se le sigue al fiscal general del Estado, Javier Díaz Verón, que si no lo imputaban serían enjuiciados por mal desempeño de funciones. Un chantaje grosero y una manipulación aviesa del Ministerio Público para usar a sus miembros según intereses políticos del momento, que es precisamente el peor de los males que azota de manera implacable a la justicia paraguaya, haciendo de ella pura mugre.

Como era lógico de esperar, los fiscales pegaron el grito al cielo y lo denunciaron ante el propio Jurado, pero a este pertenecen “aves del mismo plumaje” y, más grave, tiene la sartén por el mango, al disponer discrecionalmente del presente y futuro de los agentes del Ministerio Público. Lo demás, en cuanto a resultados de la denuncia, ya sabemos…

¿Qué queda de todo esto, de los “fonopinchazos”, los escándalos, etc.? Nada, o mejor, solo los efectos políticos y electorales que buscaron sus promotores, pero no tuvo la menor consecuencia positiva en lo que hace al funcionamiento del JEM como órgano juzgador de jueces y fiscales.

Este sigue siendo lo que siempre fue: un gigantesco garrote al servicio de políticos sinvergüenzas, responsables de perpetuar la corrupción y el sistema de impunidad vigente en nuestro país desde hace décadas.

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