Viernes , septiembre 21 2018
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Decían que iba a ser fácil

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Cuando algunos senadores añetete anunciaron que no acompañarían la sesión del Congreso en la que se debía tratar la renuncia de Horacio Cartes a la Presidencia, mucha fue la gente que pensó que era algo transitorio y que las cosas retomarían su normalidad en pocos días más.

Pero el 30 de mayo, no fueron solamente Arnoldo Wiens, Blanca Ovelar y Eduardo Petta los que no acudieron a la sesión convocada; varios otros compañeros suyos se sumaron a la medida. Pero aun así parecía que no ocurría nada que no se pudiera solucionar. Al fin y al cabo, fue la unidad con Honor Colorado lo que había permitido que Mario Abdo Benítez sea el ganador de la Presidencia de la República, así que, el presidente electo, lo mínimo que  podía hacer era devolver el favor dando indicaciones a su bancada en el Senado para que se facilite el trámite de la renuncia y el posterior juramento de Cartes.

Los más optimistas en todo esto fueron precisamente dos integrantes de la bancada añetete, Silvio Ovelar y Juan Carlos Galaverna. Como ellos conocen muy bien el funcionamiento del bloque y del líder del movimiento, todos les creímos cuando dijeron que la crisis tenía solución y que ellos mismos serían los mediadores. Todo esto luego de reconocer que Cartes debía jurar porque lo dijeron la Corte, el electorado y la Justicia Electoral.

Calé fijó dos semanas de plazo para la solución del conflicto, porque había que dialogar con tranquilidad y sin apuro. Tanto él como Ovelar dejaron entrever que Marito podría aceptar una reunión con Cartes para zanjar el problema. Estaban seguros, también, de que el líder del movimiento “bajaría línea” a los senadores, puesto que él (lo había repetido varias veces) estaba convencido de que el jefe de Estado debía jurar como senador porque así lo dijo la Corte.

Hace 3 días se cumplieron las dos semanas y no pasó nada, salvo que el optimismo de Calé y Beto fue dando paso a una suerte de pesimismo encubierto y últimamente sus declaraciones más parecen expresiones de deseo que algo que pudiera realizarse en el tiempo que queda para que juren los senadores electos.

A regañadientes, Ovelar tuvo que reconocer hace dos días que ninguno de sus colegas que habían faltado a la sesión del 30 de mayo cambio de opinión; esto significa que los añetete que dijeron que no aceptarían la renuncia de Cartes ni permitirían su juramento, siguen pensando exactamente lo mismo. Así que todo el empeño que pudieron poner los mediadores no dieron ningún fruto y las cosas siguen iguales que cuando empezaron.

Lo único que cambió fue que el grupo de senadores añetete, que tienen más puntos en común con la oposición que con sus correligionarios, desaparecieron de la escena. Es impresionante, pero toda la debilidad vedetista de Wiens, Blanca y Petta parece haber desaparecido. No se los encuentra por ningún lado cuando que lo natural con ellos era tropezarlos en cualquier parte. Lo más probable es que se deba a la imposibilidad de justificar racionalmente su actitud; especialmente en lo que se refiere a Wiens y Blanca, cuando se les pregunta por qué hicieron campaña con Cartes si pensaban evitar su juramento.

De todos modos, aquí lo único que parece obvio es que ni Calé ni Beto pudieron hacer nada para solucionar la crisis. Y tal parece que en las dos semanas que faltan para el juramento de los senadores, todo seguirá igual. A pesar de sus esfuerzos.

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