Sábado , septiembre 22 2018
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Del “todo bien” al “todo mal”

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Cualquier persona puede cambiar de opinión, religión, partido político o de fútbol, si ese al que pertenecía ya no responde a sus necesidades. Pero lo que no puede hacer, de ninguna manera, es atacar todo eso que defendió hasta poco antes, porque lo que demuestra con eso es una bajeza vergonzosa y ruin.

Después de casi 4 años, Hugo Velázquez decidió abandonar el movimiento Honor Colorado, molesto porque no había sido tenido en cuenta por la cúpula para la lista de candidatos al Congreso que competirán en las internas de diciembre. Aunque la versión oficial de su decisión es que no está conforme con que Santiago Peña fuera el precandidato para la Presidencia de la República, lo cierto es que sus motivaciones fueron mucho más egoístas y personales.

Pero está bien. Por el motivo que fuere, la libertad de abandonar o permanecer en un movimiento es inalienable. Así que las excusas sobran. El problema de Velázquez es que él no era un diputado más de la bancada oficialista, sino que había alcanzado, 3 años atrás, la Presidencia de la cámara hasta el 2018, por pertenecer a dicha bancada.

Por lo tanto, una vez tomada la decisión de abandonar el movimiento, debía haber sabido que también perdería las prerrogativas que había obtenido por ser parte de él. Y aquí está el problema, o bien, la situación que nos muestra a Velázquez de cuerpo entero. Es tal su desesperación por no perder el último tramo de su Presidencia que ha decidido jugar con todas las armas que se le pongan a disposición para desacreditar al oficialismo, el mismo al que hace menos de un mes cantaba loas.

Y no tuvo empacho en decir que el proyecto de enmienda constitucional presentado por el oficialismo colorado con la anuencia del llanismo liberal y el luguismo, y que fuera aprobado en primera instancia en el Senado, era “un mamotreto”.

A ver, recapitulemos. Durante todo el proceso de discusión del proyecto de enmienda, Velázquez fue uno de sus más férreos defensores. Cuando fue aprobado por el Senado, el 31 de marzo pasado, él lo recibió para que empiece a ser analizado en Diputados, y si dijo que no se trataría hasta tanto la mesa de diálogo convocada por el presidente Horacio Cartes no tomara una decisión, fue simplemente porque recibió instrucciones de actuar de esa manera, porque el oficialismo no tenía la intención de crispar aún más el ambiente, ya suficientemente enardecido por las huestes de Efraín Alegre y Rafael Filizzola.

Jamás, desde ese momento hasta acá, el susodicho criticó algo del texto del proyecto al que ahora trata como mamotreto. Si, al recibirlo, se dio cuenta de que era un texto inadecuado, ¿por qué no lo dijo? ¿Porque todavía tenía esperanzas de figurar en los planes del cartismo para el 2018? Si durante este tiempo estuvo apoyando algo en lo que no creía solo con el objetivo de obtener un beneficio personal, Velázquez es un sinvergüenza y oportunista que no debería ser tomado en serio por ningún sector de la ciudadanía.

Al dejar el movimiento al que pertenecía, Velázquez debió agarrar sus petates y hacer mutis por el foro. Sus esfuerzos ahora deben estar en conseguir que sus nuevos socios le tomen en cuenta para algún puesto importante. Pero con este chiquitaje, esta forma de hacer política tan mediocre y sometida, lo que da este pobre señor es vergüenza ajena, porque no sólo crítica la enmienda. Ahora también ve “conspiraciones” de HC hasta en la sopa. Algo frecuente en nuestros políticos, en aquellos que al cambiar de bando se transforman en los más feroces críticos de las formaciones que antes integraban, lo que convierte a Velázquez, como político, en “más de lo mismo”

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