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Demasiado misterio

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A casi dos años de aquel 31 de marzo de 2017, donde un grupo de inadaptados invadió el edificio del Congreso y lo incendió en gran parte, los daños siguen notándose y las reparaciones jamás terminan.

Las obras tardaron casi un año en iniciarse, debido a postergaciones y dilaciones inexplicables, mucho más cuando es el edificio de un poder del Estado el que está seriamente dañado. Desde entonces,  los pasillos del Legislativo parecen un mercado, ya que de muchas oficinas tuvieron que sacar los escritorios y los funcionarios trabajan así, a la vista de todo el mundo, pues los respectivos despachos están inutilizados desde ese momento.

El inicio de las obras de reparación se dio en febrero del año pasado, cuando Fernando Lugo era el presidente del Senado y el Congreso, y él prometió que la primera fase de la obra duraría apenas 75 días. Pero no pasó así; de hecho, no pasó nada. Promesa de Lugo y basta.

Lo más notorio es que ni siquiera se puede hablar de que una parte está solucionada, como dando alguna esperanza de que el resto estará igual en poco tiempo. No. Todo parece seguir igual que hace 21 meses, como si en todo este tiempo no se hubiera hecho nada, más que levantar muros para que no se viera la obra que se realiza dentro.

Una vez que asumió la nueva mesa directiva, con Silvio Ovelar a la cabeza, al parecer pararon las obras, y recién se reiniciaron ahora, con el receso legislativo. Pero eso fue un anuncio hecho por la cámara sin que hasta ahora parezca que allí vuela una mosca. Con los legisladores de vacaciones y sin que los contratistas responsables de las reparaciones hayan empezado a trabajar, el edificio del Legislativo parece totalmente abandonado.

Como hace tiempo dejó de hablarse del tema, es como si la empresa responsable de la obra estuviera en libertad de tomarse las licencias que se le dieran la gana. Como está durando mucho más tiempo del que debía originalmente, es fácil pensar que el costo previsto también está superando lo propuesto. De hecho, en febrero del año pasado, Lugo había dicho que las obras iniciales debían tener un costo de unos 150 mil dólares, pero como solo tenían que durar menos de 3 meses, resulta más que obvio pensar que las cifras debieron haber cambiado por supuesto, para arriba.

Esta situación ha hecho que empezaran rumores que hablan de un supuesto negociado entre la empresa adjudicada y el Frente Guasu, con Lugo a la cabeza. Es que es el exobispo el único que pareció, en un momento determinado, saber qué era lo que ocurría con las obras de reparación. No hay pruebas concretas de que este rumor pudiera ser cierto, salvo la excesiva demora y la escandalosa displicencia de los legisladores, que parecen haber perdido todo interés en el estado caótico en el que se encuentra el edificio que contiene ambas cámaras y las oficinas parlamentarias, tanto de senadores como de diputados.

A primera vista, para un visitante asiduo del Congreso, no hubo ningún avance. Si realmente la percepción está errada, sería fantástico que, con documentos en mano, los responsables demuestren lo que han hecho hasta ahora, los costos y expliquen por qué no cumplieron con los plazos previstos. De lo contrario, el olor a “fato” será cada vez más intenso.

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