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“Dios se lo pague” de los caazapeños

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Por: Cirilo Ibarra Enciso.
Por: Cirilo Ibarra Enciso.

El último fin de semana de enero, la ciudad de Caazapá vivió uno de los mejores festejos patronales. El festival Ycuá Bolaños, el más grande y más atractivo del país, tuvo la mayor concurrencia de su historia.

Y es que muchísima gente llegó de la zona sur del país, especialmente de Itapúa, Misiones, aprovechando la culminación del asfaltado de la Ruta VIII “Blas Garay”. Y todos los visitantes permanecieron en la ciudad con absoluta tranquilidad, pues quedó en la historia aquel tiempo de preocupación por el estado del camino, que muchas veces una simple amenaza de lluvia podía cambiar todos los planes, impidiendo los viajes.

Aquellas penurias y frustraciones, de tantos sacrificios, de tantas aventuras, solo permanecerán en tristes recuerdos. No se pudo lograr que vuelva el tren y el asfaltado de la ruta, entre Caazapá y Yuty, se hizo esperar en demasía.

Cuantos tiempos se dejó a las distintas poblaciones, a las compañías caazapeñas, con escuelas sin maestros y centros asistenciales sin médicos y todo por culpa de las autoridades inútiles, que por más de 20 años jugaron con la ilusión de los habitantes del sexto departamento.

Pero, por suerte para ésta zona llegó el turno de Horacio Cartes en el poder y con él se pudo demostrar que cuando se quiere, se puede. Cuantas falsas promesas se escucharon con respecto a esta Ruta VIII. Desde el gobierno de Juan Carlos Wasmosy se anunció su pavimentación. En el año 1994 comenzó la ilusión de los habitantes de este departamento sobre el asfaltado del tramo a Yuty, cuando llegó la capa asfáltica desde Ñumí hasta Caazapá y el entonces ministro de Obras Públicas, Paul Sarubbi, anunció que el trabajo continuará con la ejecución del proyecto hasta Yuty.

Para dar mayor credibilidad a su promesa, dijo que él es caazapeño y que como tal tiene mayor compromiso con esta región.

Nunca prosperó aquel supuesto proyecto. Posteriormente hizo lo mismo Gustavo Pedrozo, ministro de Obras Publicas durante el gobierno de Nicanor Duarte Frutos. Pedrozo igualmente quiso fortalecer su promesa, destacando que su esposa es yuteña y que tenía el doble de compromiso con el departamento.

Hasta el mismo Duarte Frutos, cuando visitó Yuty en el 2003, anunció con bombo y platillo que durante su gobierno se iniciará la colocación de la

capa asfáltica. No hizo nada.

Después apareció el “Taita” de las rutas de las mentiras, Efraín Alegre. Éste, siendo ministro de Obras Pública de la era Fernando Lugo, hizo también lo suyo, con la promesa, pero éste ni él se creía aquella ilusión que prendió en los caazapeños.

Pero el más caradura entres todos, fue Salyn Buzarquis, que hasta hizo su famosa palada inicial, durante el gobierno de Federico Franco. Pero es sabido cuales fueron los desenlaces de aquellos rimbombantes actos.

Llegó el gobierno de Horacio Cartes y sin mayores rodeos, el ministro de Obras Públicas, Ramón Jiménez Gaona, dio orden de inicio de los trabajos e hizo en 5 años los que los demás no hicieron en más de 20. Prácticamente terminó el trazado de 72,9 km, de los cuales 12,7 km corresponden a accesos y travesías urbanas en las ciudades de Caazapá, Moisés Bertoni, Maciel, Yegros, y Yuty. A esto hay que sumar la construcción de un puente sobre el río Pirapó.

Hoy, los caazapeños solo tienen palabras de gran sentimiento de gratitud para el señor Cartes. Muchos dirán que solo hizo lo que debe hacer un gobernante y es así, solamente que sus antecesores se pasaron burlándose del sufrimiento de los caazapeños.

Entonces, en este momento no hay de otra, sino que expresar esa inmensa gratitud al ex presidente en pocas, pero profundas, palabras: “Dios se lo pague”.

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