sábado , febrero 22 2020
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“Efecto Payo”

Cuando se olvida el normal relacionamiento que se rige por las leyes y normas de convivencia, ocurren desmanes como los que en este momento estamos viendo en diferentes estamentos. Desde que la civilización se convirtió en lo que es, y se olvidó la ley de la jungla, fueron el diálogo y las negociaciones los que primaron en las relaciones entre ciudadanos.

Y en nuestro país también se ha dado esto, aunque muchas veces sentimos que éramos una ciudadanía demasiado sumisa al poder de turno, más predispuesta a bajar la cabeza que a hacer sentir su protesta al ver sus derechos avasallados. Esto es así y mucho hemos deseado que cambiara nuestra predisposición y consiguiéramos el espíritu y la valentía necesaria para pelear por lo que nos correspondía por derecho.

Sin embargo, es sabido que los extremos nunca son buenos, pero la ciudadanía paraguaya pasó de mucha sumisión al descontrol de la violencia. Ahora pareciera que ya no son los poderosos los que echan en gorra a las leyes, sino nosotros mismos que nos las pasamos por encima sin ningún miramiento.

Esto es lo que ocurre cuando, desde el vamos, no se toma una actitud firme y decidida ante la violencia y el descontrol de alguien. El Senado no podía permitir que uno de los suyos continuara con este sistema de “diálogo”. Aunque su fama le precedía, era natural pensar que la cámara podía ponerle límites a Paraguayo Cubas, y exigirle que actuara dentro de las mínimas normas de convivencia que rigen el reglamento interno de la cámara y el sentido común.

Pero no pasó. Ni siquiera quienes se sintieron agredidos por él y quisieron suspenderle por 2 meses tuvieron las agallas de llegar hasta el final. Y, a lo mejor sin quererlo, pero con un claro pecado de omisión, abrieron las compuertas para que un sistema violento y agresivo tome las riendas y maneje, en gran medida, el relacionamiento de la sociedad.

Se suman ahora los abogados patoteros que pretenden incidentar las audiencias de políticos imputados por hechos de corrupción. Más allá de que la ciudadanía pudiera estar harta de tanta impunidad, ahora que la Fiscalía está actuando de manera correcta, haciendo lo que tiene que hacer, habría que dejar que tanto los fiscales como los magistrados cumplan con su trabajo con normalidad.

De nada vale que un grupo de abogados descontrolados se manifieste exigiendo Justicia y cárcel para los corruptos. Además de ser frases bastante gastadas, no vienen al caso porque, justamente, lo que se está haciendo es imputar y procesar a presuntos corruptos.

Hay que entender de una buena vez que no son los recursos violentos los que logran un cambio estructural. No es Payo, con su prepotencia y su agresividad, pateando puertas y dando cintarazos a sus colegas, quien va a cambiar la historia. Tampoco los abogados patoteros serán quienes conseguirán la condena a los corruptos.

Son las instituciones destinadas a cumplir esas funciones las que lo harán. Y en este momento parecen decididas a hacerlo. Esperemos que este conato de violencia e intolerancia que parece haber copado los ánimos de la gente sea pasajero y no deje demasiados contusos por el camino.

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