Domingo , noviembre 18 2018
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El difícil “arte” de saber mentir

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El 7 de agosto próximo cumplirá medio siglo de circulación en el mercado.  Surgió al amparo de la dictadura del general Alfredo Stroessner, a la cual sirvió y se sirvió de ella por varios lustros, convirtiéndose luego, con el correr de los años, en adalid de la democracia y “ejemplo” del ejercicio de la libertad de prensa y expresión para propios y extraños. Su capacidad de adaptación a los “nuevos tiempos” ha sido verdaderamente admirable. De colaborar con un régimen que sembró el terror a ser férreo defensor de los Derechos Humanos, al menos en el terreno discursivo, para nadie resulta algo sencillo. Y ABC Color lo hizo, montado en el oficio que fue acumulando en la difícil tarea de manipular la verdad e instalar falsedades, pero siempre con “estilo”, eso en lo que ahora está haciendo agua por todos los costados y se está transformando rápidamente en nostalgia de lo que fuera un pasado “glorioso”.

Zuccolillo nunca fue periodista. Probablemente no sea capaz de poner por escrito una frase que a los lectores les resulte coherente. Sin embargo, supo rodearse de buenos profesionales, los mejores, que construyeron la credibilidad de su medio. Las buenas plumas estuvieron acompañadas de un “modus operandi” que siempre se respetó fielmente. Los “operativos” de prensa, léase campañas contra el “elegido” de turno, se basaban en algún hecho comprobable, a los afectados se les “consultaba” sobre la cuestión antes de publicarla y/o se les daba algún “derecho a réplica”, aunque muy desproporcional a los ataques divulgados en su contra. En otras palabras, ABC Color guardaba las formas y esto fue clave para los éxitos que cosechó a lo largo de décadas.

Ahora todo aquello se fue directamente al tacho. Tal vez porque el fundador ya está prácticamente retirado, tal vez porque los habilidosos comunicadores ya se jubilaron, lo cierto es que las segundas líneas que asumieron en las diversas áreas del poderoso matutino, demuestran a diario no estar a la altura de los acontecimientos.

Sus periodistas ya ni se toman el trabajo de “ir a las fuentes”, de llamar al denunciado para que brinde su versión, ni aportan en sus “investigaciones” alguna documentación que le de cierto viso de autenticidad. Publican lo que que quieren, como quieren, cuando quieren.

ABC destina sus primeras seis páginas a denostar contra Horacio Cartes. Hoy le da entidad a cualquiera, con tal de avalar alguna de sus “tesis”. Desde “Kelembu”, el grotesco  concejal de Ciudad del Este, pasando por senadores que se caracterizan por su falta de equilibrio, como Luis Alberto Wagner y Desirée Masi, hasta quienes encarnan al más puro y rancio stronismo (otrora “enemigo”), como en el caso de Mario Abdo Benítez, “Marito”.

Entrevista a cualquier abogado que dice lo que desea publicar y al día siguiente titula en tamaño catástrofe “constitucionalistas advierten sobre violación a la Constitución Nacional”. Lo mismo si cuatro o cinco irresponsables, o mejor, delirantes, afirman que “el 100% de las 366.000 firmas son falsificadas”, como en el caso de las recolectadas por la ANR para solicitar la enmienda a fin de instituir la reelección. Y si la línea es disparar contra Petropar, porque cometió el “sacrilegio” de competir contra el “cartel de los combustibles”, del que Zucolillo es integrante, lo hace cual aprendiz de franco tirador, que cierra los ojos y aprieta el gatillo, al denunciar presuntos “negociados”, pero sin aportar un solo elemento probatorio que al menos hiera de refilón al titular de la petrolera.

Para ABC bien se aplica el dicho de que “todo pasado fue mejor”, pues el difícil “arte” de saber mentir, del que hizo gala por tanto tiempo, fue a parar al basurero de la historia.

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