Jueves , septiembre 20 2018
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El exobispo y el “abdismo”

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El panorama institucional de la República es realmente desolador. En un abrir y cerrar de ojos, Fernando Lugo, hasta el sábado último presidente del Senado, le dio una tremenda patada a todo el ordenamiento constitucional y, minutos antes de abandonar el cargo, resolvió “sustituir” a Horacio Cartes y Nicanor Duarte Frutos, por Rodolfo Friedmann y Mirta Gusinsky, quienes no fueron electos por el pueblo ni, consecuentemente, proclamados por el TSJE. Sin embargo, para enmendar este alevoso atropello al Estado de Derecho y a la voluntad popular, los nuevos miembros de la Cámara Alta se toman su tiempo, algunos que suscribieron un pedido de sesión extraordinaria para restablecer el orden ya cambiaron de postura, mientras los grupos mediáticos encabezados por Zuccolillo y Vierci, con el cinismo que los caracteriza, ahora encabezan el “club de fans” de los senadores “truchos”.

Repasemos algunos de los hechos. Lugo desacató lo dispuesto por la Corte Suprema, que habilitó a HC y a Nicanor para pugnar por una banca en la Cámara Alta; desconoció la voluntad popular expresada en las urnas, al declarar nulas las votaciones a favor de ambos y se atribuyó la facultad de designar por sí a quienes debía reemplazarlos, avasallando al organismo que tiene a su cargo juzgar los comicios y proclamar a las autoridades electas, desde el presidente hasta el concejal del municipio más modesto de nuestro país, que es el Tribunal Superior de Justicia Electoral. Y no satisfecho con eso, el día del juramento, desconoció el amparo constitucional otorgado por una jueza ordenándole que cumpla con el trámite de rigor, para que Duarte Frutos ocupe el curul que le corresponde.

Sin embargo, resulta inconcebible que un personaje pueda provocar, por sí solo, un quiebre del sistema constitucional, tal como está ocurriendo. Este rosario de atropellos al ordenamiento constitucional sería impensable si el exobispo, quien por esto debe ser procesado y castigado, no tuviera cómplices de mucho peso.

Todos los antecedentes apuntaban en esa dirección. La “Sala Constitucional” de ABC color ya había sentenciado hace meses que el presidente y el expresidente debían terminar sus días como senadores vitalicios y, mucho más grave, que el Congreso no debía acatar lo resuelto por la Corte al habilitarlos, calificándolo de nulo e invalidando los resuelto por los electores el día de las votaciones. Pero hay algo que debemos dejar en claro, sin el menor temor a equivocarnos: Nada de esto hubiera pasado si no fuera porque esa estrategia fue aplicada al pie de la letra por el movimiento “Colorado Añetete”, con Mario Abdo Benítez a la cabeza, al traicionar vilmente la alianza que habían establecido y desataron así la profunda crisis en la que nos encontramos.

Estos ya lo habían advertido los constitucionalistas más destacados del Paraguay, que por cierto no son afines al gobierno ni al Partido Colorado, entre ellos, los exministros de la Corte José Altamirano y Luis Lezcano Claude, los liberales Evelio Fernández Arévalos y Rodrigo Campos Cervera y el Dr. Juan Carlos Mendonca. Este último, hace algunas semanas, alertaba que el desacato de los fallos de la Corte  y la usurpación de facultades de un poder del Estado a otro, significa que estamos ante una crisis institucional de vastas proporciones y que se abrieron las puertas al caos jurídico.

Y en eso estamos, lo que parece no importar mucho a los senadores “añetete” que abrieron la caja de Pandora, ni a algunos liberales que aguardan con desesperación un buen “zoquete” y a otros de partidos menores, como los de Patria Querida.

La responsabilidad política de destrabar la crisis y desandar este camino que conduce a la destrucción del sistema democrático recae directamente sobre el “abdismo”, mediante la anulación del juramento tanto de Gusinky como de Friedmann, por un lado, y que asuman sus bancas los que fueron electos, o sea, Nicanor ahora y HC después del 15 de agosto.

Si no lo hiciere, el próximo presidente y la corriente que lidera serán juzgados no solo por la historia, sino también por la ciudadanía… a corto plazo.

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