Viernes , octubre 20 2017
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El proceso de Independencia del Paraguay

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Por: Eduardo Nakayama
Por: Eduardo Nakayama

La idea que la mayoría de la sociedad tiene acerca de la independencia del Paraguay es aquella resumida en la cual se explica que la misma se produjo la noche del 14 y la madrugada del 15 de mayo de 1811 materializada con la deposición de Bernardo de Velasco y Huidobro, Gobernador Militar y Político e Intendente del Paraguay y las Misiones.

Sin embargo, podemos decir que la consecuencia más importante del proceso de independencia del Paraguay es la independencia misma: política, jurídica y en cierta medida, económica. Para entender cómo se fueron dando estos presupuestos básicos, así como el afianzamiento de una identidad cultural que para entonces ya tenía características marcadamente propias, debemos explicar brevemente la manera en que el poder recae o es requerido por los distintos grupos, imponiéndose finalmente el elemento local criollo y mestizo paraguayo con sus ideas propias:

Los sucesos en la Península Ibérica con la invasión francesa apresuraron el traslado de la Corte de Lisboa a Río de Janeiro en un caso único en la historia universal. Doña Carlota Joaquina, esposa del Príncipe Regente de Portugal en la Corte de Río de Janeiro era hermana de Fernando VII y a quien las distintas facciones “españolistas” en América seguían jurando fidelidad, siendo una corriente dentro de ésta la de los “carlotistas” que veían en la autoridad de Carlota Joaquina la única posibilidad de “restablecer el orden”. Durante el primer período independentista, las juntas de Buenos Aries, Montevideo y Asunción, por citar algunas, declararon caduco el poder real en América por estar en manos de un francés, pero se mantuvieron fieles a la Madre Patria. Los partidarios de estas ideas conformaban, principalmente, el Partido Español o “españolista” en Asunción.

Montevideo y Asunción consideraban con Justicia que al estar cautivo de los franceses el legítimo Rey español, el poder recaía nuevamente en el pueblo que debía elegir a sus propios gobernantes. Buenos Aires, que hasta hacía poco ostentaba el título de capital virreinal, buscaba imponerse a las demás Juntas provinciales escudándose en una teoría conocida como de la “Hermana Mayor” buscando legitimar su supremacía para erigirse en centro de las demás. La existencia en Asunción de un fuerte vínculo de comerciantes y familias con la ciudad de Buenos Aires generó además otra facción de adeptos a la unión incondicional a ésta, cuyos partidarios eran conocidos como “Porteñistas”.

Pero el Paraguay era un país muy particular, con características marcadas en cuanto a su gente, idioma, cultura y tradiciones que, desde épocas anteriores generaron una identidad propia bastante homogénea. Contaba por tanto con la mayoría de los elementos que conforman una nación, faltando sólo un gobierno realmente independiente de todo poder. Los seguidores de este ideal se conformarían, naturalmente y por cuestiones culturales, el grupo más numeroso liderado por el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia y denominado  “Paraguayista”.

Tal era el panorama durante los dos años y medio que transcurrieron desde la primera revolución contra el poder de turno en mayo de 1811. Ya para 1813, si bien los “españolistas” seguían conformando un segmento interesante de la población, la principal disputa se daría entre los principales partidos, el “Porteñista” y el “Paraguayista”. Se convocó a un Congreso General de diputados y representantes de toda la Provincia, reunidos en el Convento de la Merced y existe consenso en que mientras el Dr. Francia trabajaba para lograr una independencia total -de España y de Buenos Aires-, los “porteñistas” centraban sus esperanzas en el enviado especial de aquella junta a Asunción, el diputado Nicolás de Herrera.

Una de las primeras medidas adoptadas por el Congreso fue el rechazo a la nota de pedido de intervención de Herrera como orador. Esta maniobra política se atribuye también al Dr. Francia, quien de esta manera anuló desde un principio a su probable eventual adversario político e ideológico porteño. Así, el Congreso que inició sesiones a fines de septiembre de 1813, proclamaría el 12 de octubre de 1813 su más importante resolución al declarar la República, la primera en Sudamérica y la tercera en América después de los Estados Unidos y Haití.

La forma de gobierno adoptada por la República del Paraguay, emulando las instituciones romanas sería el Consulado, siendo nombrados el Brigadier General Fulgencio Yegros y el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia para el efecto. Los mandatos debían alternarse, pero rápidamente se impuso el liderazgo de Francia luego que ambos cumplieran su primer período. Se retiró Yegros a Quyquyhó para sus actividades particulares dejando en Francia toda la responsabilidad. Así, el Supremo sería ungido en 1814 como Dictador Temporal de la República del Paraguay. Aunque el largo gobierno de Francia contó con características despóticas, debe aclararse que el título de Dictador también se toma de las instituciones romanas y no responde al apelativo “dictador” como sinónimo de tirano.

El año de 1816 marcaría el inicio de la Dictadura Perpetua del Dr. Francia, cuando su poder se había consolidado por completo por sobre las figuras de los demás próceres de la independencia. No sería sin embargo hasta el año 1819, cuando se descubrió una presunta conspiración para asesinar al Dr. Francia. Los principales ideólogos del complot,varios de ellos próceres, pasarían a ocupar las celdas mientras otros serían pasados por las armas. Con sus enemigos internos encerrados o muertos, el Paraguay ese año también sería testigo de otro hecho de trascendental importancia en la historia regional: el exilio del máximo prócer oriental General José Gervasio Artigas, quien solicitó asilo en “la primera República del Sur” gobernada por su otrora enemigo. Con su otorgamiento el Dr. Francia inauguró el derecho de asilo en América.

Los más de veinte años que duraría la Dictadura Perpetua hasta el fallecimiento del Dr. Francia en 1840 servirían para consolidar la independencia paraguaya tanto política como económicamente. El comercio internacional se vio tremendamente deprimido y hasta bien entrado el gobierno de Don Carlos Antonio López, el Paraguay no conseguiría recuperar los mismos niveles de exportación de la época pre-independiente. Esta situación se debe a varios motivos, siendo el principal de ellos, sin lugar a dudas, el intento de estrangulamiento mercantil practicado desde el exterior: ora por Artigas, ora por Corrientes, ora por Buenos Aires las más de las veces.

El Paraguay tuvo necesariamente que autoabastecerse. Las decisiones del gobierno en el orden económico, la repartición de tierras para labranza y otras medidas de impacto social también colaboraron en consolidar la identidad nacional y mantener la República en relativa paz por un período de tiempo de casi tres décadas, lo que sirvió de base para la argumentación paraguaya en su protesta a la Argentina por la falta de reconocimiento de su soberanía. Con el periódico “El Paraguayo Independiente” fundado por Don Carlos Antonio López y bajo su gobierno se inició una gran campaña para obtener el reconocimiento internacional de nuestra independencia. Bolivia y Brasil lo harían explícitamente en 1844, la Confederación Argentina recién en 1852 luego de la caída de Rosas, y sucesivamente el Reino de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y Cerdeña, en 1853.

A partir de estos últimos reconocimientos, muchas potencias europeas harían lo propio, cumpliéndose el largo sueño anhelado por los paraguayos de gobernarse a sí mismos.  El proceso de independencia paraguayo, distinto a cualquier otro de la América, el ahorro de sangre, la austeridad y sobre todo el particular sistema económico de modelo autonomista, sentó las bases para el posterior crecimiento económico registrado a partir de los primeros años de la segunda mitad del siglo XIX.

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