Jueves , julio 19 2018
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El que miente, roba

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Este viejo dicho debería hacernos pensar en lo superficiales que somos cuando juzgamos a quienes vemos como sinvergüenzas inofensivos, por violar determinadas normas que no son lo suficientemente graves como para llamarlos delincuentes.

Cualquier persona que ignore reglas claramente establecidas para obtener alguna ventaja debe ser vista como badulaque, sin importar la gravedad de lo que haya hecho. Carlos Portillo nos resultó simpático desde que juró como diputado en el 2013. Balbuceando un español casi inentendible, presumió de tener varios títulos universitarios sin que fuera cierto y eso solo nos causó hilaridad.

Fue motivo de burla luego de cada entrevista, y a partir de sus declaraciones se volvieron comunes palabras como cras, estupefaciento, uan, tu tri, y la última frase de que el río truena. Lo considerábamos tan gracioso que hasta el grupo humorista Ab Ovo hizo un sketch inspirado en su desempeño como legislador.

Su “carisma” fue tan popularizado que lo convirtió en un personaje mediático y divirtió a muchos cuando se presentó a un programa de baile en televisión. En realidad, parecía que Portillo estaba dispuesto a hacer historia en el Parlamento, aunque esto no tuviera nada que ver con la labor que le correspondería, legislar para la ciudadanía.

No pensamos entonces que este payaso no era solamente un personaje ridículo, sino alguien que no tenía ningún inconveniente para saltar las normas cuando lo necesitaba. Por eso, posiblemente, nos vio la cara y resultó que el burlado fue el que realmente se burló de todos.

Con su cara de algo estúpido –utilizada en varios memes en las redes sociales- Portillo resultó estar involucrado, posiblemente, en casos de tráfico de influencias en el Poder Judicial del Alto Paraná. Había sido que el “soncito” que nos entretenía con sus payasadas era, en realidad, un gran manipulador de sentencias, expedientes y funcionarios judiciales del departamento por el cual fue electo diputado.

De acuerdo con denuncias serias del Colegio de Abogados del Alto Paraná, el diputado liberal maneja a su antojo el Poder Judicial de la zona, aliado a uno de los ministros de la Corte Suprema de Justicia, Sindulfo Blanco, cuyo juicio político duerme el sueño de los justos desde hace más de 2 años en el Senado.

Así que no solamente tiene la viveza necesaria para llenar de operadores políticos suyos las dependencias judiciales paranaenses, sino que también es lo suficientemente convincente para conseguir que un ministro de la Corte le cubra las espaldas, apruebe y ponga en marcha todos sus antojos.

A lo mejor, por eso, cuando aparecieron los primeros audios involucrándolo en el tráfico de influencias y a pesar de la insistencia de los abogados de su departamento, costó mucho tomar en serio las denuncias. Durante varias semanas, mientras la causa contra el colorado Óscar González Daher crecía, la de Portillo era prácticamente ignorada por todos, porque era muy difícil pensar que el payasito tuviera la astucia y el poder suficiente como para manipular a jueces y fiscales.

Esto debería servirnos de lección y dejar de ser tan permisivos con quienes parecen inofensivos mientras hacen pito catalán a las reglas vigentes. Ya se sabe, el que miente, roba; el que roba, mata; el que mata, va a la cárcel. O debería ir alguna vez.

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