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El salario mínimo no es inflacionario

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Por: José Rojas. Periodista de ADN en Asunción
Por: José Rojas. Periodista de ADN en Asunción

Se instaló en el escenario político y económico el debate sobre la pertinencia de la modificación de la Política Salarial, que como primer efecto será el aumento del salario mínimo en un 7% u 8% o más, dependiendo del momento que lo apruebe el Congreso.

Los empresarios tienen posturas opuestas. Mientras Ricardo Felippo, influyente presidente del gremio de los industriales, impulsa el proyecto, los empresarios cristianos aseguran que esto generará inflación y despidos. Las pequeñas y medianas empresas están en el mismo tren. Pero no pasó mucho tiempo para que el corporativismo empresarial se imponga y Felippo resignó su postura inicial.

En el sector político, hasta el momento, solo una legisladora Desireé Masi, de izquierda, se acopló al discurso de los empresarios cristianos, de derecha. Vaya paradoja.

Tendrá la misma crítica contra sus colegas Rocío Casco y Aldo Vera, de su misma ideología, quienes plantearon un proyecto que pretende reajustar de manera automática y anual el salario mínimo en relación al Producto Interno Bruto (PIB) y la inflación. ¿Serán también populistas?

Ningún estudio serio que se oponga al proyecto se ha publicado hasta el momento, sin embargo, existen varios que aseguran que un incremento del salario mínimo aumentará el consumo, la competitividad laboral y de las empresas

Los que saben aseguran que una Política Salarial es dinámica, porque tiene que ir cambiando de acuerdo a las diferentes circunstancias que se pueden presentar dentro y fuera de la empresa.

La Organización Internacional del Trabajo dice que las tarifas de los salarios mínimos deberían ajustarse de tiempo en tiempo para tomar en cuenta los cambios en el costo de la vida y otras condiciones económicas.

Estos cambios se podrían ejecutar desde la misma empresa o por el poder político, sin embargo, fueron los mismos protagonistas del sector productivo quienes se pusieron de acuerdo, trabajadores y empleadores; al menos los que asistieron al cuerpo consultivo integrado a instancias del Ministerio del Trabajo. Las resoluciones que de este ámbito resultaron tuvo el aval de Guillermo Sosa, ministro del Trabajo y ratificado por el Horacio Cartes, jefe del Ejecutivo.

Cuando Cartes dio su apoyo saltaron sus oponentes y acercaron todo tipo de descalificaciones: populismo, inflacionario, despidos y generará pérdidas a las pequeñas y medianas empresas.

Estudios realizados por el economista norteamericano Arindrajit Dube, de la Universidad de Massashussets, durante 20 años ha demostrado que aumentar el salario mínimo no solo es bueno para el empleo sino también para el consumo.

En un discurso de Obama, apoyando una reestructuración del salario mínimo e indexarlo al índice inflacionario como parte de su política salarial para acortar la brecha de la desigualdad salarial, fue cuestionado por sus oponentes: un aumento del salario mínimo sólo dará lugar a más desempleo, especialmente entre los trabajadores poco calificados.

La investigación de Dube destaca, en cuanto a la productividad, que a mediano plazo esta aumentará. Demostró que si bien en un principio genera mayores costos a la empresa; más tarde de verá recompensado por la disminución de la rotación laboral y aumento de productividad que sin dudas agregará la permanencia laboral, pues atrae consigo una creciente competitividad entre los empleados y eso redundará en beneficios dentro de un plan de fidelización del cliente.

Demuestra también que un aumento mínimo no presiona sobre los precios finales; lo que termina por desarmar la hipótesis de una espiral inflacionaria.

Las reacciones de sectores que se oponen a la medida solo repiten el mismo cliché; vacío de contenido buscando quizás la reacción de una opinión pública que está más a la expectativa de que le resuelvan su problema de fondo: llegar a fin de mes.

Desirée Masi asumió que ella está en campaña política y buscó en Cartes una complicidad y sin empacho se pasó a las filas de los más conservadores del empresariado y casi al unísono ‘argumentó’ su opinión de medida inflacionaria y populista; pero apoyará porque Cartes ya levantó la bandera de largada de la competencia político electoral.

Santiago Peña, ministro de Hacienda cerró un extenso debate con el economista Pablo Herken Krauer a mediados de esta semana: no será esta una medida conveniente en este momento, pero es justa e insistió en que se entiende que los comerciantes comenzarán a vender y lo que menos necesitan es un aumento de salarios de sus empleados.

Si lo primero no es conveniente en este momento, es menos conveniente que el comercio tenga un margen de ganancia sobre la pérdida del personal que gana el salario mínimo.

Los impactos de un incremento en el salario mínimo dependen principalmente de cómo funciona el mercado laboral. Si el mercado laboral se comporta competitivamente y el salario mínimo está por encima del salario de mercado, entonces un incremento en el mismo ocasiona desempleo. Sin embargo, si el mercado laboral para trabajadores de bajos ingresos no se comporta competitivamente entonces un salario mínimo puede aumentar el empleo y la eficiencia económica.

(*) Periodista de ADN en Asunción

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