martes , octubre 22 2019
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En Copa cerrada no entra Cerro

ASUNCIÓN (Por: José María Troche).- Pasó otra Copa Libertadores para el club más popular de la República. Otra ilusión, el mismo desencanto. Justo en el año en que se preparó mejor que nunca, si vamos a juzgar por la cantidad de contratos y por el rimbombante DT, y que acabó de la misma manera que muchos otros torneos. La obsesión por ganar la Copa permitió que se cometieran muchos errores, a la luz de los resultados.

Claro, es fácil escribir esto, cuando ya todo ha pasado. Pero a la hora de cerrar los contratos, mucha gente se sorprendió de la gran cantidad de jugadores incorporados, muchos de ellos sin mayor curriculum y hasta algunos reverendos desconocidos. Y en cuanto a César Farías, nunca hubo el convencimiento de que se estaba por buen camino y los cuestionamientos comenzaron apenas comenzó a mostrarse el plantel.

Lo que queremos significar con esto es que la Copa no se gana cuando uno quiere, sino que cuando se puede. Y que para ganarla, hay que prepararse convenientemente, con tiempo suficiente, con un plan concreto, y no “revenke vevépe” como pretendió hacerlo Farías. Hubo poco tiempo para la pretemporada; a medida que pasaban los días, se sumaban las contrataciones; hubo gran diferencia en la preparación de unos y otros jugadores.

Leal llegó y jugó. Estigarribia cayó en paracaídas. Meza Colli fue encontrado en el fin del mundo, Vieira fue de los primeros en llegar y de los últimos en jugar, Aquino y Pereira llegaron en diciembre y jugaron en mayo, y se podría seguir con la lista.

Farías NUNCA presentó dos veces el mismo equipo. Hizo cambios antojadizos (si por antojadizo se entiende poner a cualquiera en vez de cualquiera, sin explicación táctica, ni técnica, ni de rendimiento ni de nada. Y la dirigencia perdió demasiado tiempo para decidir cortarle el chorro a quien dijo haber venido a “cambiarle el ADN al fútbol paraguayo”.

En tales circunstancias el resultado estaba a la vista. Gustavo Morínigo es un buen entrenador, pero no es mago. Bajo su dirección el equipo mejoró, adquirió cierta regularidad, pero ya estaba en terapia intensiva, y los remedios aplicados no fueron suficientes. Aunque haya jugado su mejor partido, el día en que se eliminó.

Ahora viene lo peor. Revisar lo actuado, planificar el futuro, reconstruir el tejido deportivo del plantel superior, depurar la nómina de jugadores, preparar una buena pretemporada para afrontar los compromisos del segundo semestre, que contempla el Torneo Clausura y la Copa Sudamericana. Con la obligación de ganar uno de los dos torneos, para poder acceder el año que viene a una nueva Copa Libertadores, y reconstruir la esperanza, la ilusión y los sueños.

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