Jueves , noviembre 15 2018
Inicio / Editorial / En el ojo de la tormenta

En el ojo de la tormenta

FacebookGoogle GmailOutlook.comGoogle BookmarksTwitter

Siempre la prensa. En toda esta crisis que se generó con el perverso tema de la condonación de las deudas a ciertos “labriegos”, la prensa como siempre tuvo un papel protagónico, en varios frentes.

El “destape” luego del stronismo consolidó una forma de hacer el trabajo. El tema se justificaba plenamente en la dictadura,  también luego de ella, hasta cierto tiempo. Pero lamentablemente, seguimos de largo. Hasta hoy día el tema es darles la máxima cobertura a manifestaciones, protestas, marchas y contramarchas, denunciar la “represión brutal”, calificativo que en la época del ilustre progenitor de Marito Abdo, te costaba la cárcel directamente.  Aun no despunta el alba, como dice la música y la gente de Telefuturo, Oscar Acosta a la cabeza (aunque ahora ya empujado por Santula), empieza a transmitir desde las carpas de los labriegos. Qué están desayunando, cómo despertaron, la historia de una madre campesina que vino a la marcha desesperada, etc., etc. Magnífico acompañamiento inicial para dar bríos. Luego viene la fase de incentivación… a qué hora van a salir porque no van a suspender la marcha, ¿Verdad?, van a tomar más calles, ¿Verdad?…cómo van a responder a las provocaciones de la policía, etc.

Maravilla la “cobertura”,  el pequeño “detalle” es que no es constructiva, no se cuestiona nada, sólo porque están en las calles ya son dignos de los horarios centrales. No importa en absoluto la legitimidad de la protesta. No importa que sean manipulados por líderes corruptos y politiqueros. Nadie dice nada. Ni lo preguntan. Eso es lo que nunca aprendieron los periodistas tipo Oscar Acosta. Para ellos hay que “manijear todo”, lo que sea, así fuera una marcha de motochorros. No decimos que no se informe, que nadie se rasgue lasvestiduras. Pero, ¿Por qué incentivar? ¿Por qué no escuchar las dos campanas?, regla sagrada del periodismo, que se ignora olímpicamente. Había tantas preguntas que hacerles a los “dirigentes campesinos” esta vuelta, pero ello no formaba parte del libreto de los periodistas, la mayoría jóvenes, buenos, pero con esa grave falencia que señalamos.  Cuando menos preguntas criticas hacen se creen más “revolucionarios” y comprometidos con los pobres. En fin.

Aparentemente la cosa tardará en cambiar.

Lo simpático del caso, o lo triste según el prisma, es la actitud que al final asumieron las huestes de Aguayo. Porque se formularon pequeñas críticas desde los medios, porque los hombres de prensa osaron censurarlos un tanto nomás, sobre todo el proceder violento de los manifestantes, vino la orden de “arriba” de “meterles palos” a los periodistas, echarlos, no dejarlos trabajar. Y así ocurrió…piedras contra los camarógrafos, amenazas de “ligar” a los cronistas, empujones y conatos de que la agresión podría ser mayor.

El mismo procedimiento de la última época de la dictadura. En todos los mítines oficiales la prensa no era bienvenida, “corralitos” y señales claras de posible agresión.

Aguayo y Elvio Benítez y cía., con la misma actitud que los stronistas, que ahora son sus aliados en realidad en el Congreso, a través de Marito y los “Añetetestronistas”.

Ahora se produjo el veto presidencial.  ABC anda medio compungido después de las  barbaridades que propició hace poco nomas con  el tema de la enmienda.

Así como lo hizo en aquella ocasión ahora debería pedir que la gente vuelva a salir a las calles, pero esta vez para defender el veto presidencial. Que muestre su poderío a los legisladores de la triple alianza, como los llamó, para que no vuelvan a cometer el dislate.

Y que advierta a los “labriegos” que volver a sitiar el centro de la ciudad no les saldrá tan fácil.

Que hagan un mea culpa.

Sería sumamente útil al país en estas circunstancias.

Que “Acero” muestre su temple y exhiba un poco de la valentía que mostro HC al vetar este turbio asunto.

Commentarios

comentarios

Mira también

Consejos, antes que diatribas

Primero asombro. Luego preocupación, ¿qué estaba pasando? Nadie se lo explicaba. La inquina del presidente …