Miércoles , diciembre 12 2018
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Esquizofrenia “Añetete”

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El surrealismo parece haberse “empoderado” de la política, valga el término tan de moda. El dirigente abdista, Nelson Argaña, se hizo elegir como representante del Paraguay ante el Parlamento del Mercado Común del Sur (Parlasur) en los comicios del pasado 22 de abril y, a solo tres meses de asumir el cargo, presentó un proyecto para disolver el bloque comercial. Una posición muy poco seria, por decir lo menos, que obliga a nuestras autoridades nacionales, especialmente a la Cancillería, a sentar postura respecto a si se trata del devaneo personal de un componente del oficialismo o si estamos ante alguna tesis “novedosa” del Ejecutivo, cuyas primeras incursiones en el campo internacional, como en el caso de las relaciones con Israel, no han sido precisamente “felices”.

Algunas de las críticas o denuncias formuladas por el parlasuriano son reales, como por ejemplo, que no se respetan una serie de aspectos contenidos den el Tratado de Asunción, como la libre navegación de los ríos, de bienes e inclusive de las personas; que nuestro país es frecuentemente marginado en la toma de decisiones o que Brasil y Argentina solo se apegan al cumplimiento de las cláusulas que son de su conveniencia, pero “desaparecen” cuando se trata de los derechos de sus otros socios.

Sin embargo, de ahí a concluir que el bloque regional es la versión moderna del Tratado de la Triple Alianza, un pacto aberrante urdido en su momento para aniquilar a nuestra patria, es una distorsión grosera de los hechos y también de la historia.

Los problemas existen, claro está, y no son nuevos. Datan de al menos dos décadas, es decir mucho antes de que Argaña aceptara ser representante paraguayo, no de la ANR, ni de su movimiento “añetete”, ante dicho foro. No entendemos, pues, por qué aceptó la nominación para desempeñar funciones que, en su opinión, deben cesar de inmediato; pero suponiendo que estaba desinformado y que recién ahora tomó conocimiento de los hechos cuestionables, lo que correspondería es que renuncie de inmediato al cargo y desarrolle libremente su campaña pro disolución del Mercosur.

Por supuesto, una postura seria en esta materia debería estar acompañada de una propuesta alternativa también seria, más aún en la actualidad, en la que tenemos, por un lado, a bloques comerciales con un sinfín de contradicciones y debilidades y, por el otro, el peligroso resurgimiento de nacionalismos retrógrados, como el encarnado por Jair Bolsonaro, en el Brasil, por citar un caso muy próximo.

¿Qué dice al respecto el parlasuriano que quiere disolver el Mercosur? ¿Que miremos hacia la “Alianza del Pacífico” y le guiñemos el ojo a Canadá, excluido por Trump del Tratado de Libre Comercio? ¿Que juguemos en solitario en el mercado internacional? ¿Que optemos por retornar a la época de cuasi protectorado brasileño, como lo fuimos durante el stronismo? No sabemos que tenga alguna respuesta a esas y otras interrogantes sobre tan delicado tema, ni si entiende de lo que estamos hablando. Lo único que le escuchamos sugerir es la necesidad de “refundar esa Patria continental con un nuevo y verdadero propósito magnánimo” que, asumimos nuestra ignorancia, no sabíamos de su fundación en algún pasado remoto.

Ahora bien, que corresponde discutir la situación del Mercosur, corresponde y además es un momento propicio. A los problemas que acarreamos desde la suscripción del Tratado de Asunción se sumarán muy pronto los ocasionados por Bolsonaro, una especie de Donald Trump, pero del “tercer mundo”, lo que contradictoriamente podría crear condiciones favorables para tejer posiciones comunes con los demás socios del bloque y que los acuerdos sean realmente beneficiosos para todas las partes.

Esta es apenas una de las aristas del necesario debate, el cual deberá incorporar muchas otras. Mientras, aguardamos que Argaña le ceda el paso a su suplente y que el ministro de Relaciones Exteriores, Luis Castiglioni, exponga cuál es la posición del gobierno en esta materia.

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