miércoles , julio 24 2019
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Estaba cantado

Hay situaciones que se sabe perfectamente cómo terminarán por las múltiples evidencias que van repartiéndose por el camino. Una de ellas fue, indudablemente, la que se vivió en Ciudad del Este desde que la Cámara de Diputados aceptó que fuera intervenida la administración municipal de Sandra McLeod.

El sector más interesado, desde el comienzo, con que la intendenta fuera echada era Colorado Añetete, y no por un intento de lucha contra la corrupción sino porque era un bastión cartista al que el oficialismo quería echar mano. Así se supo, ni bien salió el decreto nombrando a Carolina Llanes como interventora, que la enviada tenía la misión ineludible de encontrar evidencias en contra de McLeod para que Diputados no tuviera otra salida que destituirla.

En realidad, más que encontrarlas, lo importante es que el informe final de la interventora hable de las irregularidades, negociados y hechos de corrupción, aunque hubiera tenido que inventarlos. Quienes desde el comienzo advirtieron que esto no era más que una persecución política, nunca lo hicieron con el ánimo de proteger la corrupción, sino exigiendo que fuera un proceso limpio, transparente y que la intervenida intendenta tuviera el derecho a la defensa.

Nada de esto pasó y, por el contrario, Llanes violó varias leyes en los 3 meses que se instaló en Ciudad del Este porque siempre mantuvo la férrea decisión de contentar a sus jefes. Jamás su misión fue encontrar la verdad, sino hacer que la culpabilidad de McLeod estuviera, por lo menos, más o menos demostrada.

Por eso es que no cumplió con las disposiciones legales que decían a las claras cuáles son las funciones del interventor y en qué campos no podría meterse. Sabía que lo que pudiera violar no tendría repercusiones negativas porque, finalmente, estaba obedeciendo claras instrucciones. Y apostaba también a que la Justicia –de la que había formado parte hasta no hacía mucho- hiciera la vista gorda ante sus “desprolijidades” por decir lo poco.

Alguien preguntó en algún momento a cambio de qué Llanes estaba comprometiendo su prestigio y trayectoria de una manera tan alevosa y desembozada. Se le respondió que lo suyo no era solamente una muestra de fidelidad y lealtad a toda prueba, sino que le debía inspirar alguna promesa recibida sobre la posibilidad de que consiguiera un alto cargo en el gobierno.

Y se dio. No sabemos si la exministra de la Senabico renunció realmente o la “renunciaron”. Pero el cargo quedó libre y el gobierno pudo pagar a Llanes la deuda que tenía por haber hecho una intervención a imagen y semejanza de los intereses del oficialismo, que ahora pretende aprovechar la oportunidad para ganar al cartismo la interna de marzo y conseguir la Municipalidad de Ciudad del Este, por lo menos hasta noviembre del año próximo.

Carolina Llanes es la nueva ministra de la Senabico. Lo consiguió, no por capacidad ni idoneidad, sino porque, como interventora de la administración municipal de Ciudad del Este, mostró que es obediente y que sabe seguir las instrucciones, sin cuestionarlas. Es el premio a la sumisión y al entreguismo.

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