sábado , abril 20 2019
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Estaba cantado  

Como si hubiera empezado la intervención sin tener idea del resultado final, la interventora devenida en jueza de Ciudad del Este, Carolina Llanes, anunció pomposamente que todas las denuncias en contra de la administración municipal de Sandra McLeod estaban comprobadas… “comprobadísimas”.

Para colmo, luego de dictar sentencia, decidió convocar a la intendenta para que hiciera “su descargo”, algo que en cualquier lugar del mundo se hace antes de que la autoridad jurisdiccional tome una decisión sobre el tema, y no después, cuando todo lo que pudiera decir el acusado o investigado no tendría sentido ya que  no cambiaría la decisión final.

Siempre se supo cuál iba a ser la conclusión de la presunta intervención, que fue más una caza de brujas, con un libreto preelaborado y con múltiples irregularidades desde la concepción política del asunto. En su calidad de interventora, Llanes solamente debía limitarse a los puntos que justificaron la intervención, pero, el problema fue que los mismos no estaban establecidos, porque no figuraban ni en la resolución de la Cámara de Diputados ni en el decreto presidencial, por lo tanto, su investigación se basó en los 15 puntos denunciados por la Junta Municipal, que no son en los que se debería haber basado el trabajo.

La exjueza lo hizo todo mal desde el punto legal, pero resulta obvio que cumplió con las instrucciones que recibió del Ejecutivo, así que despidió gente, tomó partido abiertamente en contra de la intendenta y, como ya estaba cantado, concluyó con que todo lo que habían denunciado los concejales fue “comprobadísimo”.

Realmente nadie está sorprendido por la conclusión de Llanes; desde antes de que la Cámara de Diputados resolviera la intervención, cuando el presidente de la República convocó a la ciudadanía a manifestarse en la plaza para presionar a los legisladores, era obvio que la única intención del oficialismo era sacar a McLeod de la intendencia y que para ello recurriría a cuanto mecanismo pudiera utilizar a su favor.

Lo que ocurre es que nadie pensó que lo harían de manera tan descarada, sin guardar mínimamente las formas. Hasta no hace mucho, en este país las decisiones políticas de perjudicar al enemigo de turno eran más disimuladas, se negociaban entre cuatro paredes y, cuando se concretaba el plan, se pretendía, por lo menos de manera superficial, guardar las formas.

No solamente no hemos conseguido eliminar las presiones políticas en las decisiones institucionales, sino que se ha empeorado considerablemente, puesto que ahora ya ni siquiera se intenta aunque sea un mínimo disimulo, guardando aspectos que por lo menos salven el buen gusto. Aquí ya cualquiera hace lo que le da la gana y presume de ello, lo que demuestra lo mal que estamos, y lo impotente que queda la población ante la soberbia de los poderosos. Y luego se habla a boca llena de la acelerada “institucionalización del país”. Vaya cinismo.

No hay ningún motivo por el que la intendenta deba comparecer ahora ante la interventora. Eso debió haber ocurrido mucho antes de que se tomara una decisión, o por lo menos se la haya anunciado públicamente, ya que la determinación de partida era sacar a Sandra Mc. Leod del cargo y de paso dar un golpe a las huestes de HC en ese importante bastión.

A confesión de parte, relevo de prueba. Todo estaba cantado; lo dijimos, lo que no hace que nos sintamos mejor.

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