Lunes , diciembre 10 2018
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¿Si éste es “Cucho”, quién será “Don Gato”?

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El pasado miércoles 6 de setiembre, agentes de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), en conjunto con fiscales de Asunción, desarrollaron un vasto operativo en Ciudad del Este, como resultado del cual fue detenido el presunto jefe de una banda de narcotraficantes, Reinaldo “Cucho” Cabañas. Sería la tercera más importante de la región, según el jefe antinarcóticos Arnaldo Giuzzio, pero a pesar de eso y de la corta trayectoria del “capo” de 33 años, éste ya había edificado un poderoso imperio, compuesto por mansiones, cadena de moteles, casa de cambios, flota de vehículos de muy alta gama, entre otros bienes que ostentaba sin ningún pudor.

El escándalo se desató, sin embargo, cuando a pocas horas de la aprehensión de “Cucho”, se hizo público que el diputado Ulises Quintana, principal referente del movimiento Colorado Añetete en Alto Paraná, tenía en su poder una lujosa camioneta del sindicado como mafioso, con el agravante de que por 24 horas nadie supo de él, para luego formular explicaciones inverosímiles, como por ejemplo, que tenía el vehículo “a prueba, con opción de compra”.

La historia, en parte, ya sabemos cómo transcurrió. Quintana fue desaforado y hoy se cumplen 7 días de la orden de detención dictada por el Ministerio Público en su contra, sin que nada se sepa sobre el paradero del legislador. Pero lo que debe llamarnos la atención, no es eso, que solo reconfirma su conexión con el caso, sino los capítulos muy oscuros de esta trama que aún no se develan.

Entre la captura de “Cucho” y el desafuero de Quintana, seguido de su “desaparición”, el vicepresidente de la República, Hugo Velázquez, hizo una defensa pública del legislador. “Actuó solo como su abogado”, dijo, pasando por alto la camioneta que tenía en su poder e incluso declaraciones del propio diputado, quien admitió a la prensa que Cabañas “aportó logística” a la campaña electoral.

Tan “rara” como las declaraciones de Velázquez fue la actitud de la Mesa Directiva de la Cámara Baja, que el día antes de su sesión, resolvió, junto con los líderes de bancadas, no tratar el desafuero de su colega, la que finalmente se aprobó con los votos de 75 de los 77 presentes en el pleno, no sabemos por obra de quién o quiénes, aunque lo presumimos. Y en este contexto de “rarezas”, debemos destacar igualmente la seria intención de cambiar la caratula, de crimen a delito, a los efectos de que Quintana no sea emitido a la cárcel, lo cual daría lugar a otro escándalo de grandes proporciones.

El problema de fondo radica, evidentemente, en lo anunciado por la propia fiscal del caso, Lorena Ledesma, así como por la fiscal general del Estado, Sandra Quiñónez. “Hay más políticos involucrados en el esquema”, lo que explicaría la intervención de unos y otros buscando “proteger” a Quintana y las presiones a la Fiscalía para beneficiarlo con medidas alterativas a la prisión.

El objetivo inocultable es calmar las aguas o, como mínimo, que estas no sigan subiendo de nivel. Pero los hechos continúan sucediéndose y fuentes próximas a los investigadores aseguran que ya están en la mira de la Fiscalía, por ahora, al menos un intendente de Alto Paraná, así como posiblemente otros diputados, titulares y suplentes, cuyas campañas fueron financiadas por el jefe narco.

Demás está decir que Cabañas no podía gozar de tanta impunidad con el apoyo  de mandos medios de la política o de un par de fiscales y, como él, tampoco los cabecillas de las otras dos bandas mayores a la suya que estarían operando en Alto Paraná, según lo expresado por Guzzio.

En consecuencia, a los que no somos policías, ni agentes de la Senad, ni del Ministerio Público, no nos resta más que divulgar los hechos tal como son, preguntar lo que muchos no quieren responder y velar para que la investigación del “caso Quintana” se desarrolle libre de toda injerencia de quienes pretendan torcerla o “esterilizarla” para bien de los mafiosos.

Y más que eso, para los que están más arriba de tal o cual diputado, intendente o fiscal también sean sometidos la justicia. Después de todo, si Cabañas es “Cucho”, resta saber quién es “Don Gato”, así como los demás integrantes de “su pandilla”.

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