Jueves , octubre 18 2018
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Que este partido no termine 1 a 1

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La noticia dominante de la víspera fue, sin dudas, la orden de detención librada por el fiscal René Fernández Bobadilla, de la Unidad Especializadas en Delitos Económicos y Anticorrupción, en contra del exsenador colorado Óscar González Daher y su hijo. Así como la inmediata presentación de éstos en la sede de dicha repartición, a la espera, seguramente, de lograr eludir la prisión preventiva, que en Justicia corresponde, de mantenerse los cargos por los que fueron imputados, particularmente el referido al presunto enriquecimiento ilícito, que tiene una expectativa de condena que va hasta 10 años de privación de libertad.

Desde el momento en que González Daher renunció de manera forzada al cargo de legislador, en ámbitos políticos y tribunalicios se aguardaba que esta medida se produjera de un momento a otro. Una especie de crónica de una detención anunciada, que Fernández Bobadilla le puso fecha de ayer, mientras el juez Humberto Otazú había fijado la audiencia de imposición de medidas para el 3 de octubre, si bien ésta podría estar realizándose al momento de redactar estas líneas o, a lo sumo, en el curso de esta jornada, dado que padre e hijo se dieron por detenidos a fin de definir este primer capítulo de la trama judicial.

La defensa de OGD, a cargo de las abogadas Sara Parquet y Cecilia Pérez, se concentrarán, como es de suponer, en buscar desmontar los elementos expuestos por el Ministerio Público para imputar a ambas personas por el supuesto hecho de enriquecimiento ilícito, que no es un delito sino un crimen, razón por la cual no podrían ser beneficiados con medidas alternativas a la prisión. Una estrategia de muy difícil concreción, tomando en cuenta no solo los indicios en contra de los imputados, sino, además, los antecedentes del caso, su alta difusión mediática y el contexto político, imposibles de soslayar para el juez Otazú a la hora de dictar su fallo.

Si bien la eventual prisión preventiva de González Daher no debería causarnos sorpresa alguna, es destacable sin embargo el hecho de que se trata del segundo político de peso, hasta hace poco senador, que podría pasar cierto tiempo en la cárcel por su participación en hechos de corrupción. El primero fue el diputado añetete, Ulises Quintana, por un caso todavía más grave, como el referido a sus vínculos con el narcotráfico, en grado de cómplice.

Es de esperar que ni las medidas aplicadas a Quintana, como las que se impongan a OGD, no sean al solo efecto de “tranquilizar a la gradería” y dar por concluido el asunto. Recién estamos en lo que debería ser el inicio de un largo camino en el combate a la corrupción empotrada en diversos estamentos de la sociedad, especialmente en la política, que inevitablemente conocerá de no pocos obstáculos, que será difícil, pero imprescindible de transitar para construir un país que deje atrás el reinado de la impunidad.

Junto a Quintana (y arriba de él) hay otros políticos relacionados con bandas de narcotraficantes, según lo manifestado por la fiscal que encabezó la investigación que derivó en su apresamiento, Lorena Ledesma, al igual que la fiscal general Sandra Quiñónez y el propio jefe de la Senad, Arnaldo Giuzzio. Es más, entre parlamentarios de un mismo partido, ya no digamos de signos políticos distintos, se acusan con frecuencia de pertenecer a grupos mafiosos.

Y en lo que respecta a políticos a quienes corresponde investigar por enriquecimiento ilícito, el solo acto de pensarlo resulta sencillamente abrumador.  De zapateros pasan directamente a potentados, como el presidente de la Cámara de Diputados, Miguel Cuevas, por señalar un ejemplo, pero como este son decenas, si nos circunscribiéramos a los más groseros, a esos que no tienen problema en refregarnos en el rostro el fruto de lo robado.

Seamos optimistas ante los sucesos que acontecen, pero sin pecar de ingenuos, porque así como somos muchos los que queremos llevar adelante este proceso de saneamiento, de purga, para que el país pueda seguir avanzando, existen personajes poderosos que quieren que el caso González Daher sea para poner el marcador 1 a 1 y, acto seguido, dar el partido por terminado.

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