Viernes , noviembre 16 2018
Inicio / Editorial / Fin de la historia

Fin de la historia

FacebookGoogle GmailOutlook.comGoogle BookmarksTwitter

Murió la enmienda. No es una muerte que sorprenda a nadie, puesto que desde el 17 de abril muchos sectores políticos y, sobre todo, el sentido común, ya anunciaban que ese sería su fin.

Resultaba obvio que una vez que HC hubiera renunciado a postularse para las elecciones del 2018, el oficialismo colorado perdería todo interés por impulsar el proyecto en Diputados. Y sin su apoyo, no habría mayoría para aprobarlo.

Pero también fue obvio que el sentido común no es común a todos los sectores, sino que hay algunos que, contra viento y marea, continuaron con su campaña inmisericorde, preñada de mentiras y violencia extrema, machacando con que la decisión del jefe de Estado no era más que una jugarreta para que la enmienda pudiera ser aprobada.

Esta campaña, impulsada por los medios considerados hegemónicos y una clase política que les es funcional, tuvo el único objetivo de sacar de la cancha a los candidatos que más chance tenían en la contienda electoral, porque era la única manera de que pudieran mantener sus privilegios.

Durante meses se pasaron metiendo en el imaginario popular el peligro de un quiebre institucional, y ahora deben enfrentar la realidad de que no hubo golpe, ni quiebre, ni 3 pepinos. Y lamentablemente no se puede decir que no haya pasado nada, porque sus incitaciones permanentes a la violencia motivaron las agresiones al edificio del Congreso y el asesinato de Rodrigo Quintana en el local del PLRA.

Nada de esto hubiera ocurrido si los medios de comunicación y los políticos embarcados en un intento de desestabilización hubieran tenido la madurez y el sentido de patriotismo necesarios para dirimir los conflictos por las vías institucionales. Se presentó un proyecto para modificar la Constitución respetando los mecanismos que ella misma establece para el efecto. Solamente era una cuestión de analizarlo en las cámaras del Congreso y decidir en base a lo que prefería la mayoría.

Aún más, la participación ciudadana estaba garantizada en el proceso puesto que solamente el resultado positivo en un referéndum era lo que realmente iba a culminar con la modificación de la Constitución.

Pero estos sectores perjudiciales para la ciudadanía, guiados por su ambición desmedida, cada uno tirando a favor de sus intereses, armaron tal revuelo que la ciudadanía se vio envuelta en un espiral de violencia que no merecía ni sabía cómo manejar.

Lo peor de todo esto es que los medios y políticos pretenden continuar como si no hubiera pasado nada, como si ellos no hubieran estado manipulando a la gente con mentiras tan graves que le hicieron perder el norte. Si Cartes no hubiera renunciado a su candidatura con la única intención de pacificar al país, nos asusta pensar hasta dónde hubieran podido llegar estos personajes con tal de salirse con la suya.

Ayer, la Cámara de Diputados cumplió lo que había prometido, rechazó la enmienda, a pesar de todas las versiones que decían que haría lo contrario. Alguna vez, en este país, quienes cometen este tipo de fechorías, convirtiendo en hechos ciertos lo que no son más que mentiras, deberían pagar las consecuencias de sus actos.

La única manera de que estos circos no vuelvan a aparecer en la escena es que quienes los montan lo paguen. Ya es tiempo de que nos pongamos serios y hagamos lo que tenemos que hacer, cada uno desde donde le corresponde.

Commentarios

comentarios

Mira también

Consejos, antes que diatribas

Primero asombro. Luego preocupación, ¿qué estaba pasando? Nadie se lo explicaba. La inquina del presidente …