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Fuga de capitales, el mal que azota a la Argentina

El presidente argentino, Mauricio Macri.
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La semana pasada terminó con días de calma cambiaria. El caos económico generado por la política de gobierno de Mauricio Macri, traerá estabilizaciones parciales, como ocurrió en julio, y nuevas corridas. Mientras tanto, el empresariado intenta asentar el ataque al salario y el empleo perpetrado con la devaluación. Argentina se enfrenta nuevamente al mal que lo azota desde hace varios años: la fuga de capitales.

BUENOS AIRES.- La tensa calma cambiaria fue ensombrecida el viernes por la calificadora Moody’s, una suerte de oráculo de la mala onda, que advirtió que la recesión en curso podría extenderse hasta 2020. Lo que dice Moody’s, obviamente, influye en las decisiones de los que buscan sacar su tajada en el río revuelto de la crisis, explicó el economista Pablo Aquino.

La devaluación de 2002 impuso una caída de la economía de más del 10 % anual. Ese año, los salarios perdieron alrededor del 30 % del poder de compra. La devaluación duhaldista fue el puntapié inicial para la recomposición de la ganancia empresaria y el crecimiento posterior, ayudado por una situación internacional favorable, agregó.

Estos días se cumplen diez años de la quiebra de Lehman Brothers. A esa caída siguió, en 2009, el primer año de recesión mundial desde la posguerra. Desde el cuarto trimestre de 2008 hasta el tercero de 2009, Argentina atravesó el peor momento económico desde 2002.

La recesión en curso podría superar en profundidad y extensión aquel acontecimiento con el agravante que en las actuales condiciones, no se contará con el beneficio que significó para economías como la de Argentina el empujón internacional posterior a 2002 y 2009.

“En combinación con la devaluación, el derrumbe económico apunta a disminuir estrepitosamente las importaciones y el turismo de argentinos en el extranjero para generar un ahorro de dólares en una economía con sequía de divisas. Es decir, destruir el consumo popular”, explicó el profesional.

Pero hay mecanismos que aspiran dólares de la economía hacia el exterior que ni el gobierno ni la oposición peronista se anima a detener: las ganancias de las empresas imperialistas que actúan en el país, la fuga de capitales y los pagos de la deuda externa.

El copamiento de la estructura económica por parte de capital imperialista se puede medir en números: según Indec, entre las 500 grandes empresas, el 75 % de la facturación corresponde a compañías extranjeras.

Desde que asumió Cambiemos a julio de 2018, se fueron U$S 6.400 millones en utilidades y dividendos de las empresas extranjeras, superando incluso al tibio monto que ingresó por inversiones directas (es decir, reales en fábricas, establecimientos). Esta salida de dólares es sagrada, no se toca.

La lluvia de inversiones directas nunca pasó del deseo del oficialismo, pero sí entraron desde que asumió Mauricio Macri casi U$S 26.000 millones de capitales golondrina para hacer ganancias en Lebac y otros instrumentos especulativos. Ahora huyen en manada con los bolsos llenos de dólares. Nadie les pone un freno.

IDEAS PARA AHUYENTAR EL FANTASMA DEL “DEFAULT”

El presidente del Banco Central de Argentina, Luis Caputo, reconoció que explora mecanismos alternativos para intentar contener la crisis cambiaria y financiera en caso de que el dinero del FMI no alcance para frenar la fuga y reabrir el grifo del financiamiento internacional. Aseveró que el país no entrará en default.

El funcionario indicó que ofrecerá bonos argentinos a los banqueros centrales de los países desarrollados para que los incorporen a sus reservas. La exótica propuesta será presentada durante un encuentro del Banco Internacional de Pagos en Suiza.

“Argentina no va a entrar en default”, remarcó por las dudas el titular del BCRA que destacó el compromiso oficial con el ajuste en el gasto público. Caputo calificó de “exagerado” el nivel actual del tipo de cambio real y reconoció que “la mejora en la economía real va a ser un proceso lento y doloroso”.

La apuesta del gobierno no cambió: profundización del programa de austeridad fiscal y garantías de repago para los acreedores externos. Todas las fichas están puestas en la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI). “En el Fondo hay muy buena gente, muy buenos técnicos, todos queriendo ayudar, está su prestigio en juego y van a hacer todo para que salga bien”, expresó el viernes Caputo en la Convención Anual del Instituto Argentino de Finanzas.

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