Miércoles , septiembre 26 2018
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Hay que deslindar responsabilidades

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Lo diremos una y otra vez, a contramano de quienes pretenden ocultar el hecho: Nada de lo que está aconteciendo en nuestro país ocurriría si la ANR no estuviera profundamente divida, como lo está, a raíz de la grosera traición del movimiento “Colorado Añetete” y de su líder, Mario Abdo Benítez, a sus aliados de “Honor Colorado”, en el afán de borrar a Horacio Cartes y a sus seguidores del escenario político. Esta es la base de la crisis institucional actualmente en curso, cuya salida está en las manos de los mismos que la desataron, a condición, claro está, de que desanden el camino por el cual han venido transitando.

La estrategia para provocar la división partidaria ya se había hecho explícita durante las internas coloradas, pero luego de que Marito resultara vencedor, algo que por lo visto les sorprendió, abandonaron las agresiones, se mostraban juntos en los actos, en los spots de TV y el ahora presidente electo se iba en elogios hacia HC, calificando de “lujo” el hecho de que tanto él, como el expresidente Nicanor Duarte Frutos, fueran parte del nuevo Congreso.

Pero poco después de las elecciones generales, ya conseguido el objetivo, los “añetete” retomaron la política que habían dejado en suspenso al solo objeto de obtener los votos del “cartismo”: romper lanzas con éste y articular una nueva base de sustento político, junto a los sectores de la oposición más hostiles al Partido Colorado.

Es lo que dijo ayer, en declaraciones a la 970 am, el titular de la ANR, Pedro Alliana, quien sindicó a Abdo Benítez de ser “el único responsable de la división del partido” y destacó la actitud traidora de sus senadores, que impidieron la renuncia de HC a la presidencia para que no pueda asumir su banca como senador activo.

En este contexto hay que ubicar el cambalache institucional que tuvo como epicentro el acto de juramento de los nuevos senadores, el sábado último, cuando Fernando Lugo, cual dictador de una republiqueta bananera, se arrogó las facultades de decidir quiénes podían jurar y quiénes no, “sustituyendo” a Cartes y a Duarte Frutos por otros dos ciudadanos, Rodolfo Friedmann y Mirtha Gusinky, que no fueron electos ni, consiguientemente, proclamados por el TSJE.

Por supuesto que Lugo tiene responsabilidad directa en el caos jurídico que se desató al no respetar las sentencias de la Corte Suprema de Justicia, ni la voluntad popular, ni las funciones del TSJE, pero no es más que el sicario que perpetró el crimen, detrás del cual operaron otros actores, los “autores morales”, los responsables políticos de la presente situación, como Abdo Benítez y aquellos senadores que boicotearon la renuncia de HC, varios de los cuales integran nuevamente la legislatura y siguen oponiéndose a que jure después del 15 de agosto como senador activo.

¿Y dónde entra Nicanor Duarte en esta historia, siendo que fue parte importante del proyecto de Marito? Podría decirse que es “el pato de la boda”, porque si él asume su banca no habría motivo alguno para impedir que hiciera lo mismo HC cuando entregue la banda presidencial. Por eso el rostro de sorprendido de Nicanor cuando ve llegar el pasado sábado a la sala de sesiones a la señora Gusinky quien, por cierto, fue llevada por la senadora Lilian Samaniego, integrante de la bancada “Añetete’i” de la Cámara Alta.

Más claro, imposible. Abdo sigue operando para frustrar el juramento de Cartes y Nicanor fue derivado a la categoría de “daño colateral”, si bien están tratando de amansarlo mediante el ofrecimiento de altos cargos en el nuevo gobierno.

Colorado Añetete y su líder son, en consecuencia, los causantes del descalabro que está sufriendo nuestro ordenamiento constitucional y, así como corresponde exigir que Lugo sea procesado por atentar contra el Estado de Derecho, a ellos debe exigírseles que desanden de inmediato el camino recorrido, para así resolver la crisis institucional y no dañar aún más a nuestra democracia.

La salida es muy simple. Hay que anular el juramento de los dos senadores “truchos”, pertenecientes al “abdismo”, y cesar de inmediato la obstrucción para que Nicanor y HC asuman sus respectivas bancas, restituyendo así la independencia y equilibrio entre los poderes del Estado y la aceptación del resultado que arrojaron las urnas.

Marito y su movimiento tienen la palabra.

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