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Iglesia Católica argentina renuncia al dinero público para financiarse

El cardenal Primado de la Argentina, Mario Poli, oficia una misa en la Catedral Metropolitana.
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Finalmente, la Iglesia católica argentina decidió renunciar progresivamente a la aportación estatal, de 130 millones de pesos anuales (alrededor de US$ 3.5 millones) y reclamará más solidaridad económica de los fieles para compensar la merma, que solo representa el 10 % del total de su presupuesto. La decisión responde a una creciente presión social a favor de una separación total del clero y el Estado.

BUENOS AIRES.- La determinación de los obispos se debe también a que se les reprochó, durante la reciente batalla legislativa por la legalización del aborto, que cobraran del presupuesto público.

La renuncia implica más independencia frente a un poder político con en el que, en general, no simpatizan. Y acaba con una prebenda que data de la última dictadura militar.

La dimisión fue anunciada al término de una reunión que duró toda la semana pasada y en la que participaron un centenar de nuncios en activo y unos cuarenta ya retirados. El contexto de la reunión episcopal no sólo estuvo marcado, como en anteriores ocasiones, por el hecho de que uno de sus antiguos miembros, Jorge Bergoglio, sea el actual papa y mantenga una relación más o menos cercana con el peronismo, la actual oposición al reformismo conservador de Mauricio Macri. La misa oficiada el mes pasado en Luján por el obispo Agustín Radrizzani, ante una multitud de sindicalistas frontalmente opuestos al gobierno, avivó todos los recelos.

Hugo Moyano, líder del sindicato de camioneros y objeto de una investigación judicial, se pavoneó de que la misa multitudinaria no habría sido posible sin el respaldo tácito del pontífice. Los portavoces vaticanos hicieron lo posible por ahuyentar cualquier sospecha de partidismo por parte del jerarca del catolicismo, pero los roces entre el macrismo y Francisco vienen de lejos. La reunión entre el presidente y el Santo Padre en octubre de 2016, fue gélida: los rostros de Bergoglio y Macri, en la sesión fotográfica reflejaban todo menos cordialidad.

El obispo Radrizzani, en cualquier caso, pronunció durante la celebración eucarística de Luján un sermón claramente contrario a las políticas del actual presidente (habló de los excesos de las finanzas, de las injusticias sociales, de la intolerable preponderancia del dinero sobre el trabajo y de la necesidad de corregir el rumbo) que habría encajado con completa coherencia en los labios de cualquier dirigente peronista. El Ejecutivo no hizo entonces ninguna declaración oficial, pero numerosos diputados y, en privado, varios ministros, expresaron su indignación.

En una situación socioeconómica crítica, con una inflación desbordada, una recesión de duración indeterminada y una fuerte presión a la baja sobre el poder adquisitivo de los salarios, las críticas eclesiales retumbaron con especial fuerza.

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