Jueves , septiembre 20 2018
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Ignorantes y oportunistas

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“Sicarios de narcos se apoderan de la Capital”.  Este fue el título que ocupó casi toda la tapa de ABC color en su adición de ayer, en el afán de proyectar la falsa idea de que Asunción es hoy el equivalente sudamericano a Ciudad Juárez o de algún distrito de Sinaloa, en México, lo que solo puede caber en mentes enfermas como las de Aldo Zuccolillo y sus inescrupulosos escribas. En igual sentido se manifestaron rápidamente Efraín Alegre y Mario Abdo Benítez (h), éste último superando a su propio “maestro” en materia de exageración, al afirmar que “el crimen organizado se adueñó del país”. De esta manera, un hecho puntual, inscripto en las disputas que libran bandas mafiosas entre sí, pretenden convertir en un gran acontecimiento político para acusar al gobierno de ser el responsable y así obtener algún rédito electoralista.

Empecemos por las burdas afirmaciones de Zuccolillo y sus ahijados políticos. ¿Los narcotraficantes se apoderaron realmente de Asunción o, como dice “Marito”, del país entero? El pasado 4 de enero fueron asesinados en la Capital Paulo Jacques, sindicado de ser administrador del “capo” Jarvis Pavão, próximo a ser extraditado, junto a su pareja Milena Soares. Casi 10 meses después, se produce el atentado como resultado del cual perdieron la vida Willam Giménez Bernal, asiduo visitante de Pavão en su lugar de reclusión, y su hijo Gabriel, de 5 años,  lo que generó un fuerte impacto emocional en todos. Dos casos y cuatro muertes, en 10 meses. ¿Saben “Acero” y su pandilla cuántas muertes se registran en ciudades de las que en verdad se apoderó el narcotráfico o países azotados por este flagelo? Nosotros se lo contaremos.

En Ciudad Juárez, entre enero y octubre de este año, se contabilizaron un total de 386 asesinatos. Todo un “avance”, porque en el año 2012, en el mismo periodo, se produjeron 584 muertes por causa del narcotráfico y antes, en el 2011, llegaron a 1.300. Solo en Juárez. En todo México las cifras son escalofriantes. No se produce un crimen cada 10 meses, ni 10 semanas, ni 10 días, sino cada… ¡20 minutos!, teniendo en cuenta que el promedio es de 74 homicidios por día. De acuerdo a datos del “Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía”, al que “Marito” podría acceder si así quisiera, las defunciones por este motivo, en los primeros 5 meses del 2017, llegaron a 11.155, mientras que en los tres años anteriores rondaron las 20.000.

Pues bien, Juárez es una ciudad de la que efectivamente se apoderó el narcotráfico, al igual que de varios distritos en el Estado de Sinaloa, y México es un país que, como tal, sufre el flagelo del accionar criminal de las mafias.  ¿Se parecen en algo a la realidad que se vive en Asunción y el Paraguay en su conjunto? La respuesta es más que obvia, salvo para los necios, que solo quieren instalar un estado de sicosis colectiva con fines estrictamente políticos.

Por otro lado, Efraín y “Marito” tropiezan con una grave problema al denunciar la supuesta inacción del gobierno en esta materia y presentarse ellos como “salvadores de la patria”, porque, a juzgar por la experiencia, no solo no contribuyeron a combatir el narcotráfico, sino que impusieron como titular del Congreso a un sospechado de pertenecer a esta rama sanguinaria del crimen organizado, el liberal Robert Acevedo e, inclusive, conspiraron junto con Zuccolillo para que llegara a ser presidente de la República.

Nada de lo señalado tiene por objeto minimizar el problema ni mucho menos ignorarlo. Existe, es real y el Estado paraguayo, entendido este en su más amplia acepción y no solo como sinónimo de Poder Ejecutivo, tiene el desafío de redoblar los esfuerzos para perseguir implacablemente a las bandas mafiosas, que operan a escala regional e internacional, cuyos tentáculos alcanzan los organismos de seguridad, a la propia Justicia y al mundo de la política.

La tarea es compleja y requiere la máxima seriedad en su tratamiento, es decir, lo opuesto a cómo actúan Zuccolillo y sus presidenciables,  que ante este tema muestran una vez más lo que en verdad son: ignorantes y oportunistas que hora andan tras los votos.

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