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Otra muestra del retroceso en curso

Unos pueden ser más bestiales en su proceder, como Desirée o Friedmann, otros más “finos”, como Zabala o Rasmussen, pero en definitiva no son muy distintos. Conviven en perfecta armonía y protegen o persiguen a los que el poder político o mediático les indica, como lo demostraron nuevamente ayer, al salvarle a Enrique Salyn Buzarquis, quien delinquió, lo admitió y cumplió una condena de multa para evitar el juicio. Un caso idéntico al del exdiputado José María Ibáñez, solo que a éste lo echaron del Congreso.

Estaba cantado lo que iba a suceder. El pequeño bloque de Patria Querida había suscrito el pedido de perdida de investidura del senador liberal, pero apenas se percató que desde el Ejecutivo y “la prensa amiga” la idea no era bien vista, giraron 180 grados, con rebusques jurídicos que no cree ni un estudiante del primer curso. Lo mismo sucedió con el bloque oficialista. El líder formal de la bancada, Enrique Bacchetta, firmó la solicitud, pero el que lleva la voz cantante de la presidencia, pese a ser un vulgar usurpador, adelantó que no acompañaría la iniciativa, sumándose a dicha postura la mayoría de los senadores que integran el bloque.

De los liberales no hay mucho que decir. El efrainismo manda y la disidencia, políticamente disminuida, no se atrevió a pronunciarse a favor de la expulsión de un “conspicuo” integrante de la cúpula partidaria, tal vez por temor al costo que esto podría significarle.

Seguimos pues cuesta abajo en materia institucional. El sector que tiene en sus manos las riendas del Congreso, coaligados el menos desde hace 4 años, no tiene la más pálida intención de reemplazar la persecución política contra los exponentes del anterior gobierno, por una orientación que tenga a la legalidad como fundamento y la utilización de la misma vara para medir los actos de todos, independientemente de los colores.

A esto se plegaron, sumisos, los pequeños partidos que ingresaron al legislativo el pasado 1 de julio, que si no varían pronto de estrategia, los llevará seguramente a la desaparición en futuros comicios.

La situación no cambiará, al menos para bien, mientras se mantenga el bloque que hoy es mayoría es las dos cámaras del Parlamento, cuya duración en el tiempo depende en primer término del Ejecutivo, que torpemente sigue prefiriendo a aliados “de afuera” que a los “de adentro”, bajo el riesgo cierto de sufrir un desengaño en un plazo relativamente corto, cuando éstos decidan tomar distancia para disputar el poder político.

Mientras, se aproxima el primer año de gestión, que nadie en su sano juicio puede considerar que haya sido… “de la gente”. El país no está bien y la tendencia es a que las cosas empeoren, como lo evidencian un conjunto de indicadores económicos y sociales, en cuyo marco, para colmo, los “todo poderosos” del presente continuarán haciendo de las suyas, con absoluta impunidad.

Sin embargo, los paraguayos ya hemos pasado por circunstancias más desalentadoras que las actuales. Vivimos crisis institucionales agudas, juicios políticos, golpes y asonadas, crisis financieras y situaciones de default. De todas ellas pudimos salir una y otra vez. Nuestros esfuerzos ahora deben girar en torno a evitar que el retroceso sea muy profundo, para que la reconstrucción institucional y la recuperación de las conquistas económicas antes obtenidas, que sobrevendrán sin ninguna duda, no supongan tantos sacrificios, ni nos lleve demasiado tiempo.

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