Viernes , noviembre 16 2018
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“Incendiamos” el Metrobús: ¿Y ahora?

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Abc habrá escrito mil artículos por lo menos contra el Metrobús. Desde que el malhadado proyecto de “Tren Elevado”, donde el finado Aldo Zuccolillo tenía grandes intereses económicos, fue dejado de lado, automáticamente empezaron los problemas.

Primero que la otra alternativa, la del tren,  era más económica, pese a que tajantes cálculos financieros decían otra cosa, el diario insistió e insistió, no se le dio pelota, como correspondía, y se siguió adelante con el proyecto.  Pecado mortal, de esos que te llevan al infierno que se desató luego.

Desarrolló una campaña periodística pocas veces vista en contra de la obra que apenas se iniciaba, palo porque bogas, palo porque no bogas, nada estaba bien, todo era sospechoso, ¡¡¡se venía el apocalipsis!!!.

Creció así una espesa humareda negra en la opinión pública en contra de un programa de trabajo evidentemente pensado por el gobierno de HC, para la gente humilde, para esa enorme masa de compatriotas pobres que viene hacinada y colgada de los colectivos todas las mañanas desde las zonas aledañas a la capital.  Se tienen que levantar dos o tres horas antes para llegar a sus lugares de empleo en un trajinar miserable que le quita salvajemente calidad a sus vidas. A esa gente se le quiso ayudar. ¿Quién puede sostener que no? Solamente los fanáticos cegados por el odio y lamentablemente también quienes creen a pies juntillas todas las barbaridades que publica Abc.

No le importó nada a nadie.

¡¡¡Ahhh!!! Entonces surgieron los famosos frentistas, primero de la avenida Eusebio Ayala, quienes argumentaron que las obras obstruirían la visual de sus negocios restándole clientes. Lo que iban a obstruir realmente era la vista mugrienta de cosas colocadas ilegalmente en la vereda y la pestilente cloaca que “adornaba” el pavimento delante de sus “sucuchos”.

Pusieron mil y una trabas. Hasta amedrentaron a los obreros para que dejaran de trabajar, entre tanto Abc, dale que te sale. ¿Cuál era el trasfondo de la cuestión? ¿Qué era lo único que querían?….plataaa y nada más, sacar provecho de la “volada”, y listo.

La contratista encontró así un ambiente hostil, poco propicio para trabajar. Los ejecutivos extranjeros se habrán extrañado… el pueblo que debía saludar alborozado las obras, les tiraba mierd…

No pretendemos justificar lo injustificable, los atrasos por ejemplo, de ninguna manera. Pero el ambiente que se creó cooperó grandemente para el fracaso de la contratista, por otro lado, una empresa que no es cualquiera en el mundo.

Desde el Gobierno se hicieron los controles, se hicieron los “aprietes”, pero la cosa ya venía mal hasta que ahora reventó. Se marchan de aquí dejándolo todo en bando, el MOPC con justa razón los demandará  y los enemigos políticos del gobierno de HC estarán chochos de la vida,  porque tienen un nuevo frente de ataque, donde intentarán por todos los medios sacar el mayor rédito político posible.

El país de la sinrazón. El país manejado por el gobernante de facto, el dueño de ABC, en una entente digna de estudio, que le hizo poco bien y mucho mal a la Nación. Gracias a Dios las cosas están cambiando ahora y el medio pierde rápidamente influencia. Se lo ve más alevoso y por ello, menos creíble.

Perdieron los paraguayos. Y también los “frentistas” que se quedarán sin el pan y sin la torta, dilapidaron una oportunidad única de hacer crecer sus negocios, por culpa de un oportunismo ciego, propio de necios que no ven más allá de sus narices.

Las grandes obras de beneficio ciudadano deben ser protegidas. La gente las debe defender de ataques infundados. ¿Cuentas claras?, perfecto. Pero nada de hacer piquetes para detener los trabajos. Al contrario, abrirles caminos para que lo hagan más rápido. Y no permitir avivadas, de nadie ni de la prensa interesada. Los que remen en contra sin razón, deben ser inmediatamente escrachados, como es la costumbre ahora. Debemos dejar de ser crédulos e incautos y creer como una verdad incuestionable, todo lo que se publica en la prensa y las redes sociales.

Ahora, “incendiamos” el Metrobús antes de que sea realidad. ¿Aprenderemos la lección?

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