Jueves , marzo 21 2019
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En la dirección correcta

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La decisión del Vaticano, de solicitar un proceso penal en contra de algunos miembros de la comunidad de hermanos maristas de Chile, por abusos sexuales cometidos en contra de menores de edad, podría considerarse un cambio radical de rumbo y el final de una nefasta costumbre de siglos, de esconder la basura bajo la alfombra y proteger a los abusadores, a los chanchos del corral católico.

Es obvio que los nuevos tiempos llegaron a la Iglesia, que está intentando sanearse y liberarse de la escoria que durante demasiado tiempo ha protegido y permitido que se mezclara con los buenos elementos que tiene, ensuciando así su legado y el mensaje que tiene la misión de transmitir.

El abuso de menores es un crimen detestable hasta en personajes que no están consagrados a Dios y la iglesia, pero cuando es alguien que tiene la misión de despertar confianza y transmitir empatía a los fieles que dependen de él en lo espiritual simplemente es algo horrendo. . Los custodios de la fe, que durante siglos traicionaron y ensuciaron, parecen estar –por fin- en peligro, ya que, si no se extinguen, por lo menos deben saber que serán duramente castigados, como cualquier ciudadano común que comete esta aberración.

Fue tan frecuente la protección de la Iglesia a los pederastas, que estos parecían, en muchos casos, elegir el sacerdocio para tener a su disposición a miles de jovencitos que estaban a su cuidado, y para gozar de una impunidad absoluta, como fruto de la actitud complaciente de las autoridades eclesiásticas, que preferían desviar la mirada, ignorar las denuncias, antes que asumir el grave problema que habitaba y crecía en su seno como un tumor maligno.

Por eso esta decisión del Papa y puesta en marcha de manera inmediata por El Vaticano, llena de esperanzas de que otra iglesia se está gestando, comprometida con sus fieles, dispuesta a protegerlos y convertirse en el refugio que millones de católicos de todo el mundo buscan en los templos, buscando fuerza para sobrevivir en un mundo cada vez más hostil.

Aun cuando Francisco se mostró desde el comienzo abiertamente en contra de los abusadores, llegando a expulsar a uno de ellos del edificio del Vaticano, es la primera vez que una decisión de esta magnitud muestra el compromiso de la iglesia con quienes fueron víctimas de los que utilizaron sus sotanas y su autoridad para someterlos a sus bajos instintos.

Son 148 casos de presunto abuso sexual que la Fiscalía de Chile ha empezado a investigar desde agosto del año pasado, y ya son 255 quienes habrían sido víctimas de los integrantes de la Congregación de Hermanos Maristas. Muchas de las denuncias datan de muchos años antes, pero fueron incluidas en el proceso. Son estas víctimas las que serán acompañadas por representantes del Vaticano, en una medida inédita, pero que despierta mucha esperanza a los fieles porque podría significar el fin de una espantosa práctica que ha sobrevivido siglos de indiferencia y complicidad por parte de los pastores católicos.

Si esto se hace costumbre, imaginamos que cientos de obispos, sacerdotes y hermanos estarán con las barbas en remojo porque parece que es el principio del fin de la impunidad y la complicidad que imperaron ya durante demasiado tiempo.

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