Martes , septiembre 25 2018
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La lucha “selectiva” de Acero y Vierci

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En los últimos días, diarios y canales de la Capital le dieron amplio destaque a unas grabaciones en las que se escucha al secretario del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados (JEM), Raúl Fernández Lippman, “negociar” de manera impúdica un litigio judicial. Los dedos acusadores de inmediato se dirigieron hacia el presidente del organismo, el senador Oscar González Daher, habida cuenta de que el funcionario de mediano rango mal podría proceder a tales arreglos a título personal. En otro hecho similar, medios con sede en el Alto Paraná, entre ellos el nuestro, divulgamos algunos audios en los que se oye, esta vez no a un secretario sino a un diputado nacional, el liberal Carlos Portillo, narrar con absoluta desvergüenza los detalles de su participación en otro acuerdo perpetrado tras bambalinas. Pero esto último fue olímpicamente ignorado por los mismos medios que se rasgan las vestiduras por el otro tema, tal vez porque no les sirve a los fines de atacar de algún modo al oficialismo, en vez de combatir todo presunto acto de corrupción y de manipulación de la Justicia, independientemente del color de quien los cometa.

Para los grupos de Zuccolillo y Vierci, evidentemente resulta más “rentable” centrar la artillería contra González Daher, resaltar su pertenencia a las filas de Honor Colorado y, así, tratar de provocarle algún desgaste de tipo electoral. Ellos ya enjuiciaron y dictaron la condena de dicho legislador, pero con el único objetivo de inculpar por cómplices y encubridores a sus pares del oficialismo. Por eso no obran del mismo modo en el “caso Portillo”, aún más grave, tomando en consideración que el propio diputado formula las declaraciones que lo incriminan y no su secretario.

Lo decíamos ayer y hoy lo repetimos. Al dueño de ABC color, así como a “Don Antonio”, les importa tres pepinos combatir la corrupción. Solo les interesa “investigar” a los supuestos corruptos que están en la vereda de en frente, pero hacen la vista gorda cuando se trata de “sus corruptos”, se llamen Carlos, Efraín, Rafael o Mario.

 Nosotros llamamos la atención del hecho porque por ese camino no avanzaremos en la lucha contra este flagelo que azota a nuestro país desde hace décadas. Bajo ningún punto de vista puede abordarse el problema  con criterios “selectivos”, en función a las simpatías o antipatías políticas. O se combate la corrupción en todas sus formas, incluyendo entre estas al “tráfico de influencias” o no se combate nada. Así de simple.

Nosotros, desde luego, somos partidarios de librar esa lucha a brazo partido, de manera frontal, caiga quien caiga, porque no hay otra manera de que podamos liberarnos de semejante plaga. Y eso empieza por despejar todos los obstáculos a las investigaciones de los casos que reúnen los méritos necesarios para tal efecto, incluyendo por supuesto el de González Daher, quien debiera dar un paso al costado como titular del JEM hasta que se aclaren los hechos en los que le involucran, a Carlos Portillo y a todos los que están sospechados de incurrir en ilícitos.

Esto, lógicamente, no implica una condena a priori, lo cual es facultad exclusiva y excluyente de la Justicia ordinaria, no de Zuccolillo ni de Vierci. Hasta entonces, si se diera una sentencia de esa naturaleza, los investigados gozan de la garantía de la presunción de inocencia, por encima de lo que diga tal o cual medio de prensa. Pero insistimos, las investigaciones no deben tropezar con el menor impedimento.

Por eso resulta más que oportuno  el planteamiento del exconstituyente y destacado jurista, José Antonio Moreno Rufinelli, quien propone la modificación de la Ley que reglamenta el uso de los fueros, porque éstos no fueron creados para que se convirtieran en patente para delinquir, ni para blindar a los legisladores ante eventuales investigaciones, sino para proteger en el ejercicio de sus funciones y que no sean objeto de persecuciones políticas.

En nuestro país recién estamos por escribir el primer capítulo de la historia del combate a la corrupción, la cual reviste una importancia extraordinaria para nuestro presente y para el futuro de las nuevas generaciones. No permitamos, pues, que algunos pretendan imponernos un libreto sesgado, ultra parcialista, al solo efecto de satisfacer sus obsesiones políticas y salvaguardar los intereses de sus grandes corporaciones.

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