Miércoles , noviembre 14 2018
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La paranoia de Efraín

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Si pensábamos que sacando de la cancha a Horacio Cartes, el presidenciable de la oposición, Efraín Alegre, se quedaría tranquilo, nos equivocamos. Resulta que no le basta con haber conspirado para evitar que el presidente se pudiera postular para un segundo mandato en las elecciones de abril, sino que, en realidad, busca su muerte política.

Ya se discutió mucho sobre el tema de si el artículo constitucional que permite la senaduría vitalicia para los expresidentes es excluyente e impide que quienes ocuparon el sillón de López pudieran continuar en la política. Lo que ocurre es que el vitaliciado, tal como está especificado en la Carta Magna, es constreñido a mero figuretismo puesto que quien acepta esa banca, será figurita decorativa en la cámara, ya que podrá tener voz, pero no voto, es decir, no incidirá en lo más mínimo en la aprobación o rechazo de proyectos ni en nada que tuviera que ver con la función de un legislador activo.

Expertos de diferentes ámbitos han aclarado que el texto constitucional no impide que un expresidente pueda acceder a una banca como legislador activo. Y la explicación que dan es bien lógica. Lo que se pretendió en la Constituyente al establecer el vitaliciado fue premiar a ese expresidente que hizo bien los deberes, fue electo democráticamente y terminó su mandato sin que nadie pudiera acusarlo por mal desempeño, dándole un cargo que mantendrá hasta su muerte.

Sin embargo, en ningún lugar se establece que no podrá volver a aspirar a cargo electivo alguno, por lo que una banca activa en el Senado no está prohibida. Y no lo está por una sencilla razón; si se estableciera la prohibición, el vitaliciado no sería un premio sino un castigo, ya que irremediablemente se estaría condenando al expresidente que hizo un buen papel, a la muerte política.

Hay otro absurdo más que se daría si es que tuviera lógica el planteamiento de la oposición. No solo serían castigados los que fueron buenos presidentes, sino que, por ejemplo, Fernando Lugo, que no terminó su mandato porque se lo condenó por mal desempeño en un juicio político, y que, por lo tanto, no puede ser senador vitalicio, resulta premiado permitiéndole ocupar una banca como activo en la Cámara Alta. O sea, el bueno es castigado y el malo, premiado. No tiene ningún sentido.

Y esto lo sabe Alegre, ya que él puede ser muchas cosas, pero no tonto. Lo que ocurre es que su paranoia es tan grande que está convencido de que mientras Cartes no desaparezca definitivamente de la escena, su futuro político es incierto. No tiene ninguna duda de que durante estos próximos 5 años se reformará la Constitución y se permitirá la reelección presidencial, lo que habilitará al jefe de Estado a competir por un segundo mandato.

Efraín debe pensar que si ahora vuelve a perder contra un candidato colorado, tendrá que volver a postularse en el 2023 y no quiere tener que cruzarse allí con un Cartes fortalecido luego de un lustro en el Senado, en donde su liderazgo, obviamente, será firme y decidido. Por eso pretende impugnarlo. Para que nunca más el presidente pueda volver a ser un rival para él, porque es absolutamente incapaz de ganar por las buenas. Necesita hacerlo por walkover.

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