Lunes , septiembre 24 2018
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La primera en la historia

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Después de varios meses de injustificada demora, la Cámara de Senadores prestó finalmente su acuerdo constitucional a la designación de Sandra Quiñónez como nueva fiscal general del Estado, quien de inmediato prestó juramento y ya asumió sus nuevas funciones. A la funcionaria nunca se le cuestionó la falta de méritos profesionales, ni se puso en duda su honorabilidad.  Su “pecado” era ser la candidata del presidente de la República y por ese único motivo debía ser rechazada, como sucedía con otros proyectos del Ejecutivo. Pero las cosas cambiaron, para bien, después de las internas de diciembre y ahora, al menos en esta materia, el nombramiento de Quiñónez pone fin al desorden institucional que representaba tener al frente del Ministerio Público a una persona con mandato vencido, además de investigada por presunto enriquecimiento ilícito.

Por supuesto, no faltan los que pegan el grito al cielo y manifiestan de manera indisimulada sus frustraciones ante la derrota, como los medios del grupo ABC Color, el candidato liberal Efraín Alegre y algunos de sus pocos escuderos, como Desirée Masi. Desde que se conoció la decisión no paran de rasgarse las vestiduras ante los supuestos vicios que se habrían registrado en el proceso de conformación de la terna que integró Quiñonez y el también supuesto “copamiento institucional” del cartismo, que impuso en la Fiscalía a la persona de su preferencia.

Son simples exabruptos, ya lo sabemos. Mal que les pese, no son ellos quienes definen si  el procedimiento de conformación de la terna, realizado por el Consejo de la Magistratura, se ajustó a derecho. Esta es una facultad exclusiva de la Corte Suprema de Justicia, que ante una acción de inconstitucionalidad promovida por senadores de la disidencia, se pronunció convalidando todo lo actuado al respecto.

Ahora bien, que fue propuesta por Cartes, porque éste consideró que se trataba la mejor alternativa, a nadie le quepa duda. Pero ¿que pretendían? ¿Que HC propusiera al Senado a alguien del gusto de Zuccolillo, de Efraín o de la cada vez más desquiciada senadora Masi? Desde luego que el presidente de turno, sea quien fuere, propone para dicho cargo a quien mejor le parece, haciendo uso de sus facultades constitucionales y, en este caso, es obvio que también contó con el acuerdo del candidato presidencial de su partido, Mario Abdo Benítez, pues de lo contrario el Senado probablemente ni siquiera hubiera tenido el quorum necesario para llevar a cabo la sesión de la víspera o, si tenía, la nominación de Quiñónez iba a ser rechazada.

El comportamiento de senadores de la disidencia colorada deja un margen de dudas. Juan Carlos Galaverna anunció públicamente que si se trataba el tema votaría a favor de Sandra. Silvio “Beto” Ovelar, líder de la bancada, dijo antes de la sesión que la designación de la funcionaria era solo cuestión de tiempo y que el lunes se expidirían en forma positiva, por unanimidad o por amplia mayoría.  Sin embargo, llegado el momento, ambos abandonaron la sala, al igual que Luis Castiglioni, Blanca Ovelar y Arnoldo Wiens, no así Óscar “Cachito” Salomón y Enrique Bacchetta, quienes apoyaron la propuesta del Ejecutivo.

Sería ocioso especular si dichas actitudes obedecen a discrepancias entre los senadores “Añeteté” o si responde al objetivo de “guardar las formas”, para que el cambio de postura no sea tan drástico, sobre todo teniendo en cuenta que estaban asegurados los votos para que Quiñónez sea ungida como fiscal general. Eso lo sabremos con el correr del tiempo.

La nueva titular del Ministerio Público se comprometió a luchar contra la corrupción, un mal que azota al país desde hace décadas y a la misma institución que ahora encabeza. Hacemos votos para que así sea.

De momento, podemos decir que, por fin, “habemus” fiscal general del Estado. La primera mujer en ostentar dicho cargo en la historia del Paraguay, designada en feliz coincidencia con el 8 de marzo.

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