Jueves , septiembre 20 2018
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Las mismas “figuritas”, con las mismas “ideas”

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Nuestra dirigencia nacional, podríamos decir la de todos los que estamos vivos, no ha sido capaz de montarse al carro de la historia, de sacar al país del atraso y a su pueblo de la miseria. Los movimientos sociales NADA consiguieron a favor de sus asociados. Al contrario,  ni siquiera fueron capaces de mantener los derechos establecidos en el viejo Código Laboral, modificado de hecho por la Ley de Mipymes, que cercena antiquísimas conquistas, como el sueldo mínimo, las vacaciones y la seguridad social, entre otros. Ni tampoco los de rango constitucional, como en el caso de los funcionarios públicos, a los que se les aumentó la carga laboral, pero no así sus sueldos. Ambas “perlas” del gobierno de Fernando Lugo.

En el caso de los empresarios sucede algo similar. No tuvieron la aptitud de desarrollarse como clase,  de elaborar un proyecto de país por el cual presentar batalla, de darle impulso a la industria nacional y al mercado interno. Una parte de ellos, importante por cierto, está compuesta por platudos que solo buscan el lucro desmedido… y rápido. Se pasan vociferando contra el contrabando, pero muchos de ellos son contrabandistas y muchos más los que evaden sus impuestos.

¿Y de la dirigencia política qué podemos decir? Ni tan solo tuvo las agallas de defender la democracia cuando ésta se halló en gravísimo peligro, salvo honrosas excepciones. Esa tarea la asumieron sectores ciudadanos, jóvenes y adultos, a los cuales debemos las libertades públicas de las cuales seguimos disfrutando.  El “sueño” de transformar al país, si alguna vez tuvieron nuestros políticos, lo abandonaron hace ya mucho tiempo. El único objetivo que persiguen es llenarse los bolsillos, sin la menor pudicia, enrostrándonos permanentemente el fruto del robo escandaloso, lo cual vale para derechas e izquierdas.

Urge, pues, una renovación integral de la dirigencia nacional, en todos los campos. Ésta se inició parcialmente en el coloradismo y en la misma estructura del gobierno, aún con dispares resultados. Pero es el camino por el que hay que transitar y que tiene como punto de partida la renovación en el campo de las ideas. Hay que dar paso a nuevos protagonistas, con nuevos proyectos, marcándoles el paso para que no se descompongan rápidamente y, si lo hicieren, que existan los mecanismos para separar rápidamente a las frutas podridas.

Insistimos. La renovación es la senda por la que debemos transitar para construir el Paraguay que nuestra gente se merece, el cual con las “figuritas” de siempre y sus viejas “ideas”, nunca sería posible.

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