Miércoles , septiembre 19 2018
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Los presos se merecen una vida digna

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Por: Telmo T. Ibáñez Jara (telmoijara@gmail.com)
Por: Telmo T. Ibáñez Jara (telmoijara@gmail.com)

Así como lo pide el Santo Padre, el Gobierno Nacional invertirá 80 millones de dólares para las mejoras de las condiciones de vida de la población penitenciaria del país. Todos reconocen que la reinserción de los presidiarios a la sociedad civil depende de sobremanera del buen trato que éstos experimenten mientras cumplen sus condenas.

Con las polémicas intervenciones en las cárceles nacionales de nuevo quedaron en evidencia las pésimas condiciones en que por años se encuentran muchas de las antiguas dependencias del Ministerio de Justicia. No se trata de una información secreta, objetivamente se las considera, purgatorio o recepción al “infierno”.

De los más de 10 mil compatriotas privados de su libertad, un alto porcentaje, lejos más del 50 %, no tienen condena. Con ésta medida empieza el primer abuso y violación a los derechos humanos, a la dignidad quienes desgraciadamente cayeron en las garras de la delincuencia motivados por la falta de fuentes de trabajo u oportunidades para seguir estudiando o capacitándose.

La decisión del gobierno no es más que en respuesta al llamado del papa Francisco para el mejoramiento del ambiente en las cárceles, en donde sea “respetada plenamente la dignidad de los reclusos”, según reza en la carta enviada por el pontífice al presidente Horacio Cartes. A esto se suma el indulto a 16 reos, entre mujeres y hombres, quienes ya gozan de su libertad.

El llamado a licitación será a más tardar antes de que finalice este año, en adhesión igualmente al Año Santo de la Misericordia como lo desea su Santidad. Pero los sustanciales cambios que se podrán implementar a partir de mejoras en las penitenciarías no evitarán nuevos amotinamientos e intentos de fuga, solo quien experimentó un encierro podrá explicar este deseo.

El objetivo no es evitar las reacciones naturales de humanos quienes desde su concepción luchan por su libertad, sino más bien un buen trato, hasta si se quiere un poco más humano para su reinserción menos dramática y traumática al volver a su rutina.

Pero no solo se debe invertir en infraestructura si se pretende recuperar a los miles de compatriotas en su mayoría de escasos recursos privados de su libertad, sino además se debe apostar a la preparación de los guardiacárceles, acostumbrados en especular para privilegiar a quienes con recursos provenientes del narcotráfico consiguen grandes privilegios al punto de lograr “escapar” de las cárceles de máxima seguridad.

Además deben seguir los pequeños proyectos que a través del Servicio Nacional de Promoción Profesional (SNPP) y otras instituciones similares apenas en cuanto a la formación de los reclusos para combatir el ocio como inculcar y aprovechar sus cualidades de modo a que éstos tengan una ocupación digna al lograr nuevamente su libertad.

Ni familiares aceptan de buenas a primera a quienes luego de cometer un delito vuelven con intenciones de reinsertarse a la sociedad, eso lo saben quiénes experimentaron el encierro y lo debatieron varias veces con sus compañeros de celda, por eso les resulta mucho más fácil agruparse entre los ex presidiarios para abandonar definitivamente el calor del hogar y sobrevivir en bandas hasta que de nuevo caen en la desgracia.

Ni pensar que un ex presidiario consiga trabajo, continúe sus estudios, el “preso-cué” o ex presidiario queda marcado de por vida, no hay indulto ni sobreseimiento que lo blanquee.

La única opción sería el buen trato, el que más se acerque al respeto a los derechos humanos, junto a ello la capacitación permanente para incluso producir desde el encierro, lo que facilitará todo tipo de tarea para cuando éstos recuperen su libertad.

Los pabellones Vip deben desaparecer para convertirse en cárceles Vip. Todos nos merecemos un trato digno y más aún quienes desgraciadamente por falta de recursos no consiguen con rapidez una medida alternativa a la prisión, solo de esta forma se podrá dar un giro fenomenal en las instituciones penales y a su vez recuperar a miles de compatriotas por ahora condenados hasta por sus propios familiares.

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