Domingo , noviembre 18 2018
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Marito sin filtro

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Arrancó bien. Un informe de su reciente visita al Vaticano, recordando hasta con cierta solemnidad las palabras del Sumo Pontífice, instando a todos los paraguayos a la reconciliación y a la unidad para trabajar juntos en pos de un mañana mejor. Solo faltaba que de fondo se escuchara algún canto gregoriano, para situarnos directamente en la Basílica de San Pedro, durante aquellas liturgias fantásticas que se celebraban en tiempos de Benedicto. Pero entonces algo pasó en su subconsciente y, repentinamente, le afloró su otro “yo”, dejando a todos estupefactos. El “yo” autoritario, prepotente y pendenciero. El “yo” que mostró una de sus facetas hasta ahora desconocida, de chismoso y farandulero. El “yo” que nos avergüenza profundamente, opuesto por el vértice al de un jefe de Estado y que nos retrotrae a la ápoca de las cavernas, o mejor, a la de su padre. Ese “yo” que, en resumidas cuentas, nos llena de preocupación e incertidumbre respecto al futuro, que de sus manos mal podríamos esperar que fuera venturoso.

Un Marito “recargado” volvió ayer de su visita al Vaticano, se solidarizó con Marly Figueredo, la exmodelo casada con su senador “mau”, Rodolfo Friedmann, y se despachó de manera brutal contra Horacio Cartes, no en campo de la política, terreno en el que nunca presenta combate, sino en el personal, achacándole gratuitamente al expresidente la lluvia de críticas que recibió de todos los medios de prensa y de vastos sectores ciudadanos por la composición de la comitiva que lo acompañó a Roma, más parecida a un equipo de “piki vóley”, que a otra cosa.

Desconocemos las relaciones que unen tan íntimamente al presidente con la citada pareja, un tema que por cierto no nos incumbe. Lo que sí tenemos certeza es que ningún político con dos dedos de frente y mínimamente serio, requisitos básicos que debiera reunir un mandatario, puede manifestarse como él lo hizo, al estilo de las riñas que suelen protagonizar quienes trabajan en el mundo del espectáculo, deshonrando así su investidura y rebajando al país a la categoría de republiqueta.

Dejando de lado esta deplorable faceta del presidente, pasemos ahora a sus fobias políticas, nunca expuestas de manera tan abierta, e inclusive grosera, como en la víspera. Y de vuelta nos vemos obligados a apelar a la figura del otro “yo” de Abdo Benítez, porque así como pasó del estado de elevada “espiritualidad”, al de los insultos que profieren los “muy machos”, así también sucede con el discurso relativo a la unidad de su partido, para luego dinamitar cualquier puente que pudiera construirse al servicio de dicho objetivo.

Veamos un ejemplo más de esto. La polémica composición de la “comitiva vaticana” no se limita, ni mucho menos, a la presencia en ella de una exmodelo. Lo más relevante tiene que ver con la de su marido, el senador “mau”, a quien, ya nadie puede dudar,  el presidente le asignó el “trabajo sucio” contra HC, líder del movimiento con el cual supuestamente busca avanzar hacia la unidad de la ANR.  Y por eso lo premió llevándolo a la Santa Sede y asumió su defensa incondicional, con lo cual, además de asestar una tremenda bofetada a sus adversarios partidarios, también lo hizo a la institucionalidad de la República, pues el sujeto en cuestión no es más que un vulgar usurpador, que no fue electo y proclamado.

Pero no se limitó a eso. Más locuaz que de costumbre, aunque con las dificultades de siempre para expresar un par de ideas, Abdo Benítez aprovechó la ocasión para acusar a la Fiscal General Sandra Quiñonez de usar el video en el que la amenazan de muerte, presuntamente para obtener una ampliación presupuestaria. Notable. En lugar de repudiar el hecho y garantizarle protección, pero claro, no es Marly, sino “una empleadita de Cartes”. Y a modo de remate, dijo sentirse “muy contento de que se haya aprobado la intervención de la Municipalidad de CDE” (lo que formalmente aun no sucedió), revelando con ello que ya había tomado una decisión política al respecto, como parte de su estrategia de debilitar a Honor Colorado y a HC, que nada tiene que ver con el combate a la corrupción, tal como lo dijimos anteriormente.

El único aspecto positivo de esta historia es que Marito mostró su otra cara, la que tenía oculta. La del “fiel heredero”, el autoritario, prepotente y pendenciero, además de muy afecto al disparate. El que, no sabemos a razón de qué, se sintió de buenas a primeras con las fuerzas suficientes para sacar las garras y desenfundar las hachas de guerra. Y esto, para el país, es una muy mala noticia.

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