viernes , octubre 18 2019
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Más empleos, no más cárceles

El video fue impactante. El circuito cerrado bien visible mostró toda la acción. Gente, cualquiera, jóvenes en este caso,  cenando tranquilamente, eran como las 10.30, las 11 de la noche, en una hamburguesería,  hacia la zona de Sajonia. Charla con amigos, risas, el tráfico normal en la calle adyacente.

De pronto, una moto a gran velocidad. Para bruscamente y baja un hombre joven, con casco y con pistola en mano, irrumpiendo en el sitio, intimando a todo el mundo a que entregue los famosos celulares. La gente se levanta y huye despavorida ante semejante amenaza, entonces el bandido hace un disparo presuntamente al aire, para intentar controlar la situación, cae un objeto al piso, puede ser un teléfono o una billetera,  no se sabe, el malviviente lo recoge y corre hasta donde lo esperaba su compinche en la moto, unos metros más adelante. Huyen.

En realidad, una escena repetida una y mil veces en las calles de Asunción, en el centro y en la periferia, en los barrios, en los espectáculos públicos, donde sea, “motochorros en acción”, la denominación puede parecer simpática, pero son asesinos en potencia, que no tienen nada que perder y juegan con su vida y las de los demás.

Los niveles de violencia en la sociedad paraguaya resultan cada día más alarmantes. Ya no se respeta nada. Ya no se está seguro en ningún lado y resulta imposible caminar por las calles sin sentir miedo, sin mirar de reojo siempre intentando prevenir el chirrido de una moto que frena al costado.

Se ha dicho hasta el hartazgo que la represión no es el camino para encarar con éxito este temible flagelo. No es construyendo más penitenciarías como se van a salvar las cosas. El caldo de cultivo de esta forma de violencia son las carencias económicas, la situación paupérrima de la gente, el nivel de vida que cada vez se deteriora más, la falta de empleos, de cientos, de miles de empleos, para tanta juventud desocupada, marginal, que llena los callejones de los asentamientos esperando la ocasión para delinquir. Un socio que tenga una moto para convertirse en motochorro…

La responsabilidad social del estado es inmensa en esta materia y se está fracasando estrepitosamente, no se vislumbra un despegue económico y lo poco que se puede hacer en beneficio del pueblo no se hace. Se intenta disfrazar este drama con discursos rimbombantes, mentirosos, que caen por su propio peso ante la cruda realidad.

El Gobierno debe recapacitar. Reflexionar. Torcer el rumbo. Meterle pata al tema económico. Sí, se puede, como dice el estribillo que se canta en las calles.

Si no se obra así se podrán construir miles de cárceles más que igualmente se llenarán de gente. Reos que volverán  salir a las calles, para empezar de nuevo…

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