miércoles , septiembre 18 2019
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“Não é assim meu amigo”

El mal paso dado con la firma del acta entreguista de Itaipú, acerca del que ahora naaadie es responsable, fue de antología, porque incluye una “cláusula invisible”, a la que los brasileños ya empezaron a recurrir. Fue todo tan perfecto, tan oficial, tan formal, que lo rubricaron no solo los técnicos, como habitualmente lo hacían, sino también las “altas partes” contratantes dueñas del emprendimiento, o sea, los gobiernos de Brasil y Paraguay. Ergo: El acuerdo no se puede deshacer por las vías legales, usuales, salvo que medie la buena voluntad de una de las partes (en este caso “os irmãos”) para que se pueda volver a fojas cero y renegociarlo de vuelta.

A la vista de lo que Itamaratí (la inalterable política exterior brasileña), hizo en el pasado con el Paraguay, desde la Guerra de la Triple Alianza, si se nos permite la mención,  fueron gestos de un cinismo refinado, lo dijimos en varias oportunidades, con la sonrisa en la cara y el puñal en la espalda.  En este malhadado caso del acta secreta, pasa lo mismo. De hecho ya está ocurriendo. Nos dicen “não é asim meu amigo”, pero siempre sonrientes y manifestando que tienen “la mejor predisposición para avanzar en un entendimiento constructivo”.

De modo que pecan de ilusos quienes estiman que renegociar el documento secreto será una tarea fácil. Por usar una imagen deportiva gráfica: Para los brasileños será como sacar el gran Surubí de la conservadora y devolverlo al agua. No va a pasar.

Y no porque tengan ganas de darle un akãpete a su socio turbulento, desprevenido y corrupto. Sino porque necesitan sacarle todo el jugo posible a Itaipú o tendrán que apagar las luces de varios estados en un  futuro cercano. Lo leímos por ahí: Brasil necesita tres Itaipú para las próximas décadas. Así de grave es su situación energética. Somos un forúnculo molesto, no hay otra manera de decirlo en el… aprovechamiento de la binacional.

Pecan de inocentes quienes dicen…aprovechemos la oportunidad para usar toda nuestra energía, industrialicemos el país, construyamos las líneas de transmisión y listo. Brasil no lo permitirá. Así de sencillo. Es una cuestión  de supervivencia también para ellos. Debe recordarse que tuvieron que pasar 50 años para poder hablar de renegociación de las bases financieras de la hidroeléctrica. ¡50 años!, que se llevaron orondamente nuestra energía a precios irrisorios dándose el contrasentido de que en todo este tiempo un país pobre y sin más recursos, financio el desarrollo de su gigante vecino.

Tarea harto difícil recuperar el camino perdido. Mirando la trayectoria brasileña en estas cuestiones quizás habría que empezar a pensar ya en los tribunales internacionales que arbitran este tipo de conflicto.

Lo que pasó fue grave, de toda gravedad. Y como lo dijimos al principio, una de sus aristas más complicadas fue el cierre de todos los caminos para una posible revisión del acuerdo.

“Não é assim meu amigo”…

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