Martes , septiembre 26 2017
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Ni la sombra

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No siempre resulta positivo copiar una fórmula que en algún momento anterior tuvo buen resultado. Mucho menos cuando ese resultado se dio solo al comienzo y cambió abruptamente hacia el final.

Aunque muchos justifiquen la alianza PLRA-FG para las elecciones del 2018 poniendo como ejemplo la que fuera FG-PLRA en el 2007 para los comicios del año siguiente, lo cierto es que la una no es ni la sombra de la otra, porque las condiciones eran tan diferentes que bien se podría estar hablando de 2 países diferentes.

En el 2007 la situación del país había llegado a un punto crítico y el hartazgo de la población hacia el gobierno colorado de Nicanor Duarte Frutos se sentía con mucha fuerza. Más aún que impuso a una candidata, Blanca Ovelar, que jamás pudo cuajar entre la dirigencia de base de la ANR.

En el 2017, hay una mayoría ciudadana que está satisfecha por las obras realizadas durante el gobierno de Horacio Cartes, así que no se siente en el ambiente que haya sectores fuertes que estén hartos de ser gobernados por el Partido Colorado.

Este punto nomás ya podría echar por tierra cualquier predicción de éxito para la nueva alianza electoral que pretende ganar al candidato colorado en abril del año próximo. Y esto es porque la Alianza Patriótica para el Cambio no ganó las elecciones solamente con los votos de la oposición, sino, fundamentalmente, por votos colorados, los que dieron un espaldarazo fundamental a Fernando Lugo.

Ahora, sin embargo, gane quien gane las internas de diciembre, las chances de que  la ANR llegue unida al 2018 son muy altas. Si bien la dirigencia partidaria parece dividida, lo cierto es que a las bases se las siente bien unidas y decididas a apoyar al candidato del partido. Y, en este país, pretender ganar sin votos colorados es sencillamente negar la realidad.

Las diferencias entre los candidatos a presidente de la República de una y otra alianza también son muy contundentes. Fernando Lugo venía de la Iglesia Católica, lejos de cualquier interna partidaria y sin una trayectoria que marcara la diferencia entre colorados y liberales. Tenía una imagen fuerte y aglutinante, era un líder nato y como tal no tuvo problemas en convocar en torno a su figura a todos los sectores de la oposición que vieron en él la contundente posibilidad de derrotar al Partido Colorado. Y así fue.

Efraín Alegre, por el contrario, no puede aglutinar ni a los dirigentes de su propio partido. Sectario y discriminativo, petulante y dictatorial, impuso una alianza con la condición de que sea un liberal el que la encabece, como forma de garantizar su candidatura a la Presidencia de la República. Porque Efraín ganará las internas ya que maneja el aparato partidario, pero tiene muy pocas chances de ganar las generales, aunque lo acompañe Leo Rubin. Por si todo esto no fuera suficiente, aquí no se conseguirán votos colorados, ni siquiera de los pocos descontentos que pudieran quedar después de las internas, porque un colorado no vota a un liberal, por principio.

Si todo esto no bastara hay que resaltar que en el 2007 no había problemas, más que ideológicos –los cuales no fueron abordados nunca- entre FG y el PLRA. Pero desde el 2012 los luguistas responsabilizan a los liberales por el supuesto “golpe de Estado” que sacó a Lugo de la Presidencia de la República. Y esta guerra encarnizada se hizo más sangrienta hace unos meses con el tema de la enmienda para la reelección presidencial.

A pesar de lo obtusos que pudieran llegar a ser los dirigentes de la oposición, cualquiera pensaría que podrían haber conseguido acuerdos más lógicos y creíbles que esta alianza que hoy presentan como si fuera la panacea de todos los males del país. Ya ni siquiera hace falta esperar a abril del 2018 para conocer el futuro político que nos aguarda.

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