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No más ratones al cuidado del queso

Fueron cinco años de fracaso ininterrumpido.  La puesta en vigencia de la Ley por la cual se creó el Fondo Nacional de Inversión Pública y Desarrollo (Fonacide), lejos de contribuir a mejorar la educación pública, en especial en todo lo referente a la infraestructura de escuelas y colegios, a los que en teoría se aplicaron cientos de millones de dólares, fue la base para el enriquecimiento ilícito de un puñado de bandoleros políticos empotrados en gobernaciones y municipios. Desde luego que no fueron solo ellos los que se beneficiaron con tan descarado robo. De seguro contaron con la colaboración de no pocos“colegas”, muchos de ellos pertenecientes a la Cámara Baja del Congreso. No en vano éstos hicieron la “vista gorda” durante tanto tiempo y ahora, que se plantea la posibilidad de que  el Ministerio de Educación centralice la administración de los recursos y ejecute las obras en coordinación con los gobiernos locales y departamentales, pegan al grito al cielo y se rasgan las vestiduras ante el eventual “retroceso del proceso de descentralización”. Si bien cabe la discusión, no es ese el punto, al menos en este tema. Lo que ahora corresponde es que los fondos realmente se destinen para lo que fueron concebidos y que las obras se realicen con la mayor celeridad posible, resultando obvio que ambas objetivos no pueden lograrse por los canales utilizados hasta el presente, que provocaron un enorme perjuicio para todo el sistema educativo.

Desde el año 2012, cuando se aprobó la normativa, el Estado paraguayo destina supuestamente un total de 360 millones de dólares anuales al Fonacide, provenientes de Itaipú por la cesión de su energía al Brasil, lo que representa casi el 25% del total del presupuesto para la educación. Un cuarto de dicha suma, alrededor de 90 millones de dólares, se distribuyen entre las municipalidades y las gobernaciones, sobre las cuales llovieron las denuncias por desvíos de los fondos a lo largo de todos estos años. Para no ir más lejos, hace un par de días venció el plazo para que dichas instituciones rindieran cuentas de los que gastaron en este concepto, incumpliendo con la disposición la inmensa mayoría de ellas.

La discusión por tanto no es descentralización sí, o descentralización no. Los que abordan el debate de esta manera lo hacen con la intención evidente de que le sigan chorreando millones de dólares y que el carnaval continúe, lo que sería dramático para el sistema educativo y encendería nuevamente la mecha de la bomba que casi estalló recientemente, cuando el estudiantado irrumpió en el escenario para exigir sus legítimos derechos.

Es hora de parar con semejante sangría y que los fondos sean administrados por el Ministerio de Educación,  bajo estricta fiscalización de la ciudadanía. Y también es hora que los paraguayos sepamos a ciencias ciertas cómo se aplicaron los 1.800 millones de dólares del Fonacide, para castigar a los que se “tragaron” parte de esa suma millonaria y recuperar lo robado, al igual de que sepamos también cómo se aplicarán, a partir de ahora, los 360 millones por año.

Esta es la única forma de que la plata del Fonacide se destine al objetivo para el cual fue creado y no a llenar los bolsillos de unos cuantos delincuente, que lucran con la desdicha de nuestros jóvenes y niños.

De lo contrario, las ratas y ratones -que no son pocos- seguirán engordando, porque ese es el resultado inexorable de cuando se les asigna el cuidado del queso.

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