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Otra vez, la imposición

Con la crisis interna feroz que tiene el Partido Colorado y la decisión de Ulises Quintana de correr por su cuenta, la oposición tenía la mesa servida en Ciudad del Este, para ganar, fácilmente, las elecciones municipales de mayo. Lo único que tenían que hacer sus líderes, el pequeño detalle, el ínfimo esfuerzo que debían realizar, era llegar unidos al desafío electoral.

Y no se pudo. Conste que, esta vez, no era por falta de candidato, porque desde que se habló de la posibilidad de que la intendencia quedara acéfala, surgió uno de los concejales municipales, Miguel Prieto, como quien tenía una clara tendencia a su favor, no solo por conciliar el apoyo de varios sectores políticos sino porque la ciudadanía también parece simpatizar con su imagen.

El problema de Prieto es que no es liberal. Y eso fue lo que impidió que, en torno a su figura, se lograra un gran pacto de la oposición esteña para enfrentar al Partido Colorado en las elecciones en las que se elegirá a quien completará el mandato de la colorada Sandra McLeod, hasta noviembre del año próximo.

Con una oposición manejada al antojo de Efraín Alegre, no ser liberal es un problema. Porque el presidente del PLRA está acostumbrado a manejar a los demás partidos con la política de las imposiciones. Como su partido es el que tiene un mayor caudal electoral, después de la ANR, impone esa mayoría para salirse con la suya, y la suya, siempre, es que sea un liberal quien encabece cualquier tipo de alianza con los otros sectores opositores.

Alegre es soberbio y petulante, y en todas las áreas de su actuación política ha hecho siempre lo mismo, utilizar la fuerza electoral de su partido para imponer candidato. No importa que sea conocido, querido o tenga arrastre, lo único que a él le interesa es que sea liberal.

En las elecciones del año pasado ya hizo lo mismo. Como maneja la convención partidaria, consiguió que el partido aprobara la posibilidad de realizar alianza y no concertación, que era el planteamiento del llanismo. La diferencia entre ambos esquemas es que en la primera, se impone el candidato del partido mayoritario, y en el segundo, se elige a quien resulte mejor posicionado, sin importar el sector al que pertenece.

Los resultados son conocidos por todos. Alegre encabezó la chapa presidencial en el 2013 y en el 2018, con resultados exactamente similares, la derrota, porque, salvo en las internas de su partido, el presidente del PLRA es un perdedor nato. Y esto es porque la ciudadanía no lo quiere, no lo ve como un presidente o, es consciente de que no podrá vencer al candidato colorado por lo que prefiere no desperdiciar su voto en él.

Ahora, en Ciudad del Este, de nuevo su soberbia se impuso e impidió cualquier tipo de diálogo con los demás sectores de la oposición. Para él y su entorno resultó muy difícil de digerir que la segunda ciudad del país tuviera al frente del municipio a un opositor que no fuera liberal. Y sacó un candidato de la galera, con el que hará que la oposición llegue a mayo más dividida de que nunca. Indudablemente, Alegre es un cáncer para las ansias de poder de la oposición.

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