Martes , enero 24 2017
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Patoteros de la política

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Cuando, en nombre del pueblo, un sector político recurre a la incitación para generar violencia y se produzca una tragedia, la historia debe registrar los nombres de quienes nutren su ambición con la desgracia de los demás.

Esto es precisamente lo que están haciendo políticos como Efraín Alegre, Pakova Ledesma, Luis Alberto Wagner y Oviedo’i, quien pretende emular a su padre, Lino Oviedo, un patotero con rango militar que varias veces utilizó la fuerza intentando salirse con la suya.

En Guahory las cosas se calmaron gracias al Indert, que encontró una solución válida, ubicando a los campesinos en otras tierras que no estaban trabajadas y eran tan productivas como las invadidas. Este planteamiento satisfizo a la mayoría del grupo invasor, hasta al mismo presidente de la comisión de labriegos.

Pero esto no gustó a estos personajes, quienes habían puesto todos los huevos en la canasta del conflicto y el enfrentamiento con los colonos brasiguayos. Así que actuando de manera secreta, lograron convencer a un grupo de los más revoltosos y agresivos para que no acepten el trato y se nieguen a abandonar los terrenos invadidos.

Lo que hacen con todo esto es tan repetitivo que ya conocemos el proceso de memoria. Convencen a los incautos para que invadan una propiedad privada –mejor si está racionalmente explotada-, consiguen que la Policía y la Fiscalía intervengan con una orden de desalojo. Presionan a los invasores para que resistan y cuando se produce un violento desalojo pegan el grito al cielo denunciando al gobierno apátrida y opresor de campesinos.

En Guahory no pasó nada de lo que viene pasando desde hace años, con la activa participación de estos políticos que no saben hacer otra cosa que el chúmbale permanente para producir violencia y enfrentamiento entre campesinos y policías. Si en el proceso se produce alguna muerte, su éxito está asegurado. Porque ellos no tienen más objetivo que ese, la tragedia, la impotencia, cualquier cosa que les permita conseguir votos por engañar a la gente mostrándose como los salvadores de la patria.

Ayer hubo represión policial, porque el grupito que se negó a ser reubicado atacó a los colonos, dueños de las tierras, que querían empezar a plantar su cosecha. El primero en reaccionar indignado fue Wagner, como si lo que ocurrió no formara parte del libreto que él y sus compinches siguen al pie de la letra.

Por supuesto, tampoco faltaron las amenazas de juicio político al presidente Horacio Cartes, “por haber ordenado la violencia contra los campesinos compatriotas”. Wagner convenció a Oviedo’i (que está ávido de protagonismo) de ir hoy hasta el lugar de los hechos, lo que solamente servirá para exacerbar más los ánimos. No hay ningún espíritu de diálogo o negociación en estos patoteros disfrazados de legisladores, solo el firme deseo de tirar más leña al fuego.

De verdad, es importante que la historia política tome nota de los hechos y recuerde a estos personajes que no tuvieron empacho en arriesgar la vida de paraguayos con tal de salirse con la suya.

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