Sábado , septiembre 22 2018
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Poca seriedad

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Uno de los reclamos que se ha hecho a la Constitución vigente es que antes de su redacción no se convocó a un gran diálogo nacional en el cual se pudiera dibujar el modelo de país que la ciudadanía reclama desde siempre y que debía reflejarse en la Carta Magna.

Así que lo que quedó claro es que, a la hora de reformarla, esa deuda con la gente debía ser saldada. Por eso, cuando durante la campaña electoral, el ahora presidente Abdo Benítez aseguraba que entre sus planes figuraba una constituyente, se esperaba con bastante ilusión que ese diálogo fuera el paso previo, pero con un esquema adecuado, pensado, y no a tontas ni a locas.

Originalmente, el tema de la mesa de diálogo a la que fueron convocados los partidos y movimientos políticos que participaron de las últimas elecciones generales, era precisamente la constituyente, con lo que el presidente estaba cumpliendo una de sus promesas de campaña. Pero no la convocó él, sino su ministro del Interior, Juan Ernesto Villamayor, a quien algunos ya consideran una suerte de “monje negro” del jefe de Estado.

Además de no ser el presidente quien hablaba del tema y que lo hiciera un secretario de Estado, llamó la atención que aprovechara una reunión con seccionaleros para lanzar el tema, y no de manera oficial y dando acceso a toda la ciudadanía.

Además, si bien era la constituyente el motivo central de la convocatoria, luego de que algunos sectores de la oposición aseguraran que no hablarían de reformar la Constitución antes de que fueran reformados el sistema electoral y el judicial, el gobierno cambió de idea y dejó el temario abierto, mostrando una abierta predisposición a aceptar la imposición de los invitados.

Todo esto lo que hizo fue trasmitir una falta de seriedad en los organizadores, ya que ni siquiera fueron capaces de plantarse en el tema central de la convocatoria sino que se prestaron a cambios que responden a intereses sectarios y, de ninguna manera, representan a la mayoría de la ciudadanía.

Lo que se necesita es una reforma constitucional. Hace demasiado tiempo que se han detectado errores, lagunas y contradicciones en el texto vigente, que fue redactado muy poco tiempo después de haber derrocado a la dictadura y con su sombra encima de los constituyentes, que legislaron en contra de, y no a favor de, que es lo que debe reflejar una Carta Magna, ese pacto de paz y convivencia que consolida un proceso democrático.

Para hacer cambios en la Justicia, solamente se necesita modificar algunas leyes que tienen que ver con las atribuciones de la Corte Suprema de Justicia y otros juzgados. En cuanto al sistema electoral, está reconocido internacionalmente como uno de los más eficaces de la región, puesto que –sin importar las críticas a los miembros del TSJE- su desempeño en la organización y control de los comicios es siempre transparente. Quienes se quejan son los que de manera reiterada han perdido elecciones y prefieren culpar al sistema que hacer un mea culpa.

Y como broche de oro, la invitación no fue hecha por el presidente Abdo Benítez, que era lo que había esperado la senadora luguista Esperanza Martínez, sino por Villamayor y uno de sus viceministros, lo que ahonda la sensación de poca seriedad y despierta el poco entusiasmo de los convocados.

Todos sabemos que necesitamos un gran diálogo nacional. Así que esperamos que este intento, aunque poco serio y desorganizado, tenga un buen resultado. Por el bien de la gente.

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