Lunes , diciembre 10 2018
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¿Político mboriahu?

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La defensa que utilizó Ulises Quintana en la Cámara de Diputados, ante sus pares y la opinión pública, fue que las acusaciones en su contra eran absurdas, fruto de una persecución política, porque él es un tipo honesto, trabajador y “mboriahu”, como –dijo- se le conocía durante la campaña electoral, en la que enfrentó a “una poderosa rosca” y ganó.

De entrada hay inconsistencias muy fuertes, como que estaba analizando la posibilidad de comprar una camioneta lujosa que “le había prestado” el narco Reinaldo Cabaña, o los 18 lotes que compró en Hernandarias por un valor de más de 200 millones de guaraníes. Si se tiene en cuenta que tiene menos de 2 meses como diputado, y que la dieta que recibe no supera los 33 millones de guaraníes, o tiene un pase mágico para ahorrar hasta lo que no tiene o pretendió tomar del pelo a sus colegas y a todos nosotros.

Pero hay mucho más que esto. Resulta que el mboriahu, que se mostró a “pecho gentil” para enfrentar a la Fiscalía, al Poder Judicial y hasta a los 7 jinetes del apocalipsis, pero a la hora de la verdad, cuando se quedó sin fueros, se mantuvo escondido por más de una semana, hasta que no le quedó más remedio que presentarse ante el juez de la causa, cuando lo hizo fue acompañado por un tropel de unos ¡40 abogados defensores!

En un país donde los mboriahu de verdad, que van presos por haber robado una gallina, tienen que conformarse con los apáticos y desganados defensores públicos, esta demostración de fuerza que hizo Quintana el viernes en el juzgado fue una grosería, una provocación lamentable a la Fiscalía, el Juzgado y la opinión pública, supuestamente para demostrar que nadie impediría que quedara en libertad, porque tenía mucha gente trabajando para conseguirlo.

Y otra más, resulta que el abogado que encabezó la procesión de defensores, Álvaro Arias, insistió con que a su cliente le dieran medidas sustitutivas a la prisión para lo cual ofreció 2 propiedades, que tienen un valor de más de 450 millones de guaraníes. Si esos inmuebles pertenecen al abogado y no al diputado (que también es abogado), alguna garantía muy grande tuvo que haber recibido Arias para ofrecerlas como garantía de que su cliente no se fugará y se presentará al juzgado una vez al mes.

Una de dos, o Quintana tiene el don de hacer que la gente confíe en él, y un caudal de amigos millonarios dispuestos a prestarle lo que sea y jugarse por él, o es un soberano mentiroso que está muy lejos de ser el pobrecito como el que pretendió mostrarse en el pleno de la cámara. Parece que maneja espectacularmente las emociones de los demás, porque en una reunión anterior, entre él y líderes de bancada, también los conmovió y más de uno llegó hasta las lágrimas.

Todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Es lo que garantiza la Constitución nacional. Y así debe ser, pero seamos sinceros, hay algunos que, por más inocentes que se muestren, tienen un tufillo a culpables que se huele a varios kilómetros de distancia. Ese pareciera ser el caso del diputado añetete, quien tiene el dudoso honor de haber sido el primer legislador que pisa una cárcel (y se le cierra la puerta desde afuera), en estos casi 30 años de democracia.

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