Martes , septiembre 18 2018
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Primero como tragedia, después como comedia

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Es notable como ciertos personajes que causaron mucho mal en el pasado no tienen una pizca de vergüenza y quieren ubicarse nuevamente en el centro del escenario. Uno de ellos se llevó todo por delante cuando fue presidente, “apatukando” incluso la propia Constitución, para luego ser el principal responsable de mandar a la llanura a su partido después de 60 años en el ejercicio ininterrumpido del poder político. Otro fue incapaz de completar su mandato y, tras aceptar la decisión del Senado de removerlo del cargo, se sumó a la campaña infame que condenó a nuestro país al aislamiento internacional más absoluto. Sin embargo, tanto “el mariscal de la derrota”, como el inútil expresidente, quieren volver a sentarse en el sillón de López, convencidos ellos, y solo ellos, de que hicieron un “buen gobierno”.

Esta obsesión enfermiza por el poder no es monopolio exclusivo de Nicanor Duarte Frutos y Fernando Lugo, ni se registra solo en Paraguay, ni es un fenómeno del mundo moderno. Un gran filósofo alemán, Georg Hegel, fallecido en el año 1831, ya decía que todos los grandes hechos y personajes de la historia aparecen dos veces. A lo que otro colega suyo, Carlos Marx,  agregaba en su libro “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”, publicado 21 años después, que la historia muchas veces efectivamente se repite, pero no de la misma forma, sino “una vez como tragedia y otra vez, como comedia”.

Lo último se aplica a la perfección a estos dos políticos que pretenden retornar a las grandes ligas. Ambos vienen protagonizando verdaderas “cantinfladas”, que preanuncian la farsa que sería un eventual gobierno de cualquiera de ellos. Nicanor, con la boina de Hugo Chávez y la voz impostada para parecerle a Argaña, “se acordó” en los últimos días que la ARN, según su doctrina, es un “partido agrarista”, algo que no tuvo muy presente cuando era ministro de Juan Carlos Wasmosy, ni tampoco cuando poseía el bastón de mando, recibiendo entonces las felicitaciones de la Asociación Rural del Paraguay, es decir de los latifundistas. Y de Lugo ¿qué podemos decir? Un “bolivariano” que le guiña el ojo al “neostronismo” encarnado en la figura de Mario Abdo Benítez, ya lo retrata de cuerpo y alma, lo mismo que cuando, tal vez, muy pasado de copas, “interpreta” que la  Constitución vigente lo habilita a postularse para un nuevo periodo.

Los paraguayos ya los conocimos en función de gobierno y ahora los conocemos cómo operan desde la llanura, sin aportar nada constructivo a la República, sino protagonizando espectáculos circenses para regocijo de la prensa. Y nuestro pueblo tiene derecho a mucho más que la comedia que nos ofrecen y, desde luego, a no repetir la contratacara de ese género, es decir, la tragedia.

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