Lunes , septiembre 24 2018
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Que caigan todos

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La idea que tienen algunos legisladores, de librar a las cámaras del Congreso de los bandidos, es una de las propuestas más esperanzadoras que ha recibido la ciudadanía paraguaya en mucho tiempo. Y nadie duda de que es el resultado de la actitud decidida de sectores cada vez más amplios, que condenan la corrupción y a los corruptos, pero que, sobre todo, ya están podridos de aguantar la situación y el circo de las promesas falsas.

Deseamos fervientemente que este planteamiento tenga su origen en un profundo convencimiento de que el Legislativo ya no puede seguir sirviendo de refugio a sospechosos de delitos que ven en la banca que obtienen una garantía de impunidad, a través de los fueros.

Pero, y en esto somos absolutamente claros, estamos convencidos de que reflejamos el sentir ciudadano cuando se pretende que los castigos no sean “selectivos”, como se impulsa desde los grandes grupos mediáticos, ejecutados al pie de la letra por sus títeres en el Congreso.

En un principio, pareciera que el plan funciona bastante bien, especialmente si nos fijamos lo que ocurrió con José María Ibáñez en la Cámara de Diputados, aunque, es bueno reconocerlo, su renuncia fue más una consecuencia de la presión ciudadana que de un claro interés de sus colegas por limpiar la cámara.

Pero sí puede limpiarse Diputados y esto depende solo de la voluntad política de sus integrantes. Nos preocupa que el empeño por lograrlo se vea bastante debilitado cuando se trata del presidente de la cámara, Miguel Cuevas, con serias denuncias que lo sindican de haber cometido lesión de confianza en la Gobernación de Paraguarí, y ahora, tráfico de influencias ya en su función de titular del cuerpo legislativo.

Con la ciudadanía de Paraguarí movilizada en contra suya, los diputados no pueden seguir ignorando las denuncias en contra de su presidente. Por lo menos, no si es que lo que nos prometieron era cierto. De hecho, los delitos de los que se acusan a Cuevas son mucho más graves que los que señalaban a Ibáñez.

Si de verdad, tal como dicen algunos, los sinvergüenzas debieran poner las barbas en remojo, porque pronto serán eliminados de las cámaras del Congreso, tiene que haber una clara decisión de que caerán todos los que tengan cuentas pendientes con la Justicia, sin importar la carpa a la que pertenecen, ni chanchos de qué chiquero son.

El caso de Cuevas podría convertirse en emblemático para estos “paladines de la Justicia y la Honestidad. No puede estar como presidente de una de las cámaras del Congreso, lo que le convierte en el representante de la misma tanto a nivel nacional como internacional, un personaje que está denunciado por negociados millonarios de unos 40 mil millones de guaraníes, y que, para colmo, premia con cargos a los “amigos” de la fiscala y el juez que desestimaron el caso.

Lo primero que debe pensar un extraño es que si esos antecedentes tiene el presidente de la Cámara de Diputados, es impensable todo lo que deben tener en contra los 79 legisladores restantes. Y no creemos que sea así. Estamos convencidos de que hay muchos honestos y sin cuentas pendientes. Pero ese silencio cómplice con el que pretenden hacer como que no pasa nada con su titular es cuestionable y ferozmente decepcionante.

En la cámara de enfrente, uno de sus miembros enfrenta la posibilidad de perder su investidura, por segunda vez. Cualquier entendido puede pensar que en contra de Cuevas hay suficientes elementos, no solo para perder la Presidencia, sino también su investidura. Ni OGD, ni Cuevas deberían seguir formando parte de uno de los poderes del Estado de un país que hace años pelea por ser serio y respetado por la comunidad internacional.

Que caigan todos los corruptos, eso sí, siempre siguiendo el camino de ley, no lo que dicen 23 (senadores) y 41 (diputados), ni la agenda de ABC.

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