Lunes , noviembre 19 2018
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Rumbo al fracaso

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Hoy se cumple el décimo día de los atropellos que protagonizan en Asunción grupos campesinos y “cooperativistas” que actúan bajo la batuta del Frente Guasu. A ellos se adhirieron recientemente el Plenario de Centrales Sindicales, la Federación Nacional Campesina (FNC) y la Unión Nacional de Educadores (UNE). Pareciera que se trata de “una gran oleada de protestas sociales”, pero en realidad el móvil político está cada vez más al descubierto y no solo por los actores que están al frente del movimiento, sino por la forma en que hacen oídos sordos a proposiciones más que razonables como, por ejemplo, la refinanciación a diez años y sin intereses de la deuda que tienen los pequeños productores con instituciones financieras del sector público y privado. En otras palabras, no les importa solucionar un problema que data de bastante tiempo atrás y que a ningún gobierno, incluyendo el de Fernando Lugo, se le ocurrió resolver de algún modo, mucho menos por vía de la condonación. El fin es otro: crear de manera artificial un ambiente de inestabilidad política, cuando en realidad lo único que logran es perjudicar tremendamente a la ciudadanía y sentar las bases para una segura derrota.

Los que se adueñaron del microcentro capitalino no exponen un solo argumento que justifique el rechazo a la implementación de la Ley de Rehabilitación Financiera, que permite al Crédito Agrícola de Habilitación (CAH) refinanciar a los deudores a un plazo de 10 años y exonerarles de pagar intereses. ¿Quién, en su sano juicio, se opondría a una oferta de esta naturaleza? ¿Acaso lo haría alguien que no puede honrar sus compromisos y que a consecuencia de ello está por perder su negocio?¡Claro que no! Sin embargo, ellos se desgañitan gritando “condonación”, que no es otra cosa más que la razón de la sinrazón, valga la rima.

Qué extraña manera de defender los intereses de los campesinos endeudados tienen estos “líderes” y sus socios cooperativistas, quienes en lugar de decirles a los que no pueden pagar sus cuentas que la fórmula del Ejecutivo es altamente conveniente para ellos, los retienen en la Plaza de Armas y les hacen marchar por cualquier parte -y para cualquier cuestión que nada tiene que ver con sus problemas-en aras de provocar incidentes y fabricar así un ambiente altamente conflictivo, del que puedan sacar provecho los pescadores de río revuelto, tipo Fernando Lugo.

Llegado a este punto, es necesario aclarar que todas las sociedades democráticas se desenvuelven y evolucionan montadas sobre conflictos. Esto no es una novedad. El problema se plantea cuando sus actores principales se cierran a toda negociación, no escuchan fundamentos y hacen propuestas de imposible cumplimiento, como sería que el Estado asuma una deuda de 500 millones de dólares, lo cual de una u otra forma terminaríamos pagando todos los contribuyentes, o que se restituya a las cooperativas de crédito el privilegio inaceptable de ser las únicas en no pagar el IVA y a las roscas empotradas en ellas el de en no ser electas por el sistema D´hont, como lo hacen todas las asociaciones.

Tanta irracionalidad es insostenible en el tiempo, por más que circule mucho dinero para que así sea. Los campesinos ya tienen una salida a la situación que enfrentan desde hace años y los cooperativistas se tendrán que almorzar el cumplimiento de una obligación que tenemos todos, como antes lo hicieron los bancos, también con el IVA, y luego con el tope a los intereses de las tarjetas de crédito. Y si no se dan cuenta pronto de que ese es el final del camino, irán perdiendo fuerza, hasta desconvocarse sin pena ni gloria, cargando además a cuestas con el repudio de los ciudadanos, por los atropellos cotidianos a los que fueron sometidos.

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