Viernes , septiembre 21 2018
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Se quedó corto

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Si estuviéramos en la época en que se realizan las celebraciones de San Juan, una eventual fiesta entre senadores elegirían al ministro de la Función Pública, Humberto Peralta, como Judas Kái y le prenderían fuego hasta que se consuma por completo. Y no es para menos. El hombre, más allá de la metida de pata de querer jubilarlos como a cualquier funcionario público, los trató de “viejos”, cometiendo así el peor error de su vida. Enseguida saltaron varios de los afectados para tratarlo de “ignorante”, “loco” y hasta proponer para él un juicio político, tal vez por el estado de extremo nerviosismo, pues a lo sumo podrían castigarlo con un voto de censura, de casi nula consecuencia. Lo cierto es que nueve senadores y tres diputados, según el alto funcionario, tendrían que pasar a retiro. En verdad, una locura imperdonable. ¿¿¿Por qué solo ellos, si son muchos más los que debería abandonar la escena política???

El problema de muchos parlamentarios nada tiene que ver con su longevidad. Además, en el Siglo XXI, los 71 años de los senadores  “Tito” Saguier; 69 de José Manuel Bóveda; 68 de Mirtha Gusinky, Blanca Mignarro y Adolfo Ferreiro, 67 de Juan Carlos Galaverna y 65 de Miguel López Perito, “Yoyito” Franco y el inefable Fernando Lugo, no implica que sean longevos, como tampoco la de los diputados Mario Soto Estigarribia (70), Cornelius Sawatsky (68) y Celso Maldonado (67). En todo caso se los puede incluir en la franja etaria de los de la tercera edad, pero no más que eso.

El problema de nuestros parlamentarios, o de la mayoría de ellos, radica en las decisiones que adoptan o dejan de adoptar, en que les importa poco o nada contribuir a la solución de los problemas nacionales y sí sacar beneficios particulares, a gran escala por cierto, mercadeando de manera alevosa con sus votos, además de llenar de planilleros las instituciones públicas, hacer tráfico de influencia, etcétera, etcétera.

Vayamos a algunos ejemplos. El senador Saguier, quien encabeza el lote de los que según Peralta debería acogerse a la jubilación, tiene una postura correcta respecto al juicio político que hoy se inicia a uno de los tres ministros de la Corte Suprema de Justicia: Que todos ellos sean destituidos, como corresponde. En el otro extremo, “Marito” Abdo Benítez, con poco más de 40, es partidario de que estos bandoleros permanezcan al frente del máximo tribunal de la República, al igual que algunos “cincuentones”, como Enrique Bacchetta, Julio César Velázquez, Hugo Richert, Sixto Pereira, Carlos Filizzola, Arnaldo Giuzzio y la nunca bien ponderada Desirée Massi, por mencionar algunos nombres, de los 18 traidores a la Patria que se merecen “pasar a retiro”, por oponerse a la destitución de comprobados delincuentes y poner palos a la rueda de la carreta en forma constante.

Aunque no en el sentido que lo planteó el ministro de la Función Pública, casos como el mencionado plantean la necesidad de que hablemos sobre la “jubilación” de los parlamentarios. Por qué no? Lo dijimos muchas veces y lo repetimos ahora. Esa debe ser una facultad del soberano, el pueblo, mediante la institución de una figura clave para que estos señores no hagan lo que les plazca durante cinco años: la revocatoria de los mandatos.

La “pifiada” de Peralta es hasta si se quiere anecdótica, aunque para muchos parlamentarios adictos al “vyro rei” será tema central de sus intervenciones en las próximas sesiones de ambas cámaras. Si algo debemos criticarle con rigor es que… se quedó corto!

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