Martes , septiembre 25 2018
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Trato Kure

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Pasó lo que debió haber pasado hace varios años. José María Ibáñez renunció a su banca en la Cámara de Diputados, en parte por el malestar ciudadano, en parte por la intensa campaña mediática en su contra, pero, sobre todo, porque sus “amigos” del movimiento Añetete le soltaron la mano, no por “principistas”, ni por “escuchar la voz del pueblo”, sino sencillamente para que el agua que les llegaba al cuello no le alcance las narices.

¿Quién  no conocía los hechos protagonizados por el legislador ahora renunciante? Lo sabía la prensa, los sabían los gremios que anunciaban movilizaciones, lo sabían sus colegas parlamentarios, tanto diputados como senadores y también sus nuevos “compañeros” de la corriente liderada por Mario Abdo Benítez, quienes, en su totalidad, no tomaron conocimiento del tema ahora, sino en noviembre del 2013, hace casi 5 años.

Aun así, con conocimiento de causa, los “añetete” le buscaron a Ibáñez y le ofrecieron un trato que a éste le resultó difícil de rechazar: Integrar sus filas y aportar los votos que mantenía en Central a la campaña de Marito, a cambio de contar con todas las “garantías” de que no le sucedería lo que ahora le sucedió. Y cumplieron una parte del acuerdo, con la anuencia del presidente electo.

Habiéndose definido su caso en ámbitos de la Justicia, pensaron que podían “blindarle” en la Cámara de Diputados con cierta facilidad, sortear alguna tormenta pasajera y listo. Por eso votaron en forma unánime en contra de la pérdida de su investidura, solicitada por un minúsculo grupo de la oposición.

Pero he ahí que la tormenta no amainó. Algunos medios de prensa, más interesados en espantar cucarachas que matar víboras, prosiguieron su “cruzada” obteniendo declaraciones de aquí y de allá, más la presencia de alguna pocas personas para protestar frente a la vivienda de Ibáñez, a quienes presentaban como expresión de la indignación ciudadana, por lo que había que hacer algo, decían en el primer anillo de Marito.

No sabremos hasta dónde hubiera llegado el malestar, que, como acostumbra la clase media, se manifiesta como si estuviéramos en vísperas de la toma de la Bastilla… pero en las redes sociales.  Lo que sí sabemos a la luz de estos hechos, y de su desenlace,  es que van por muy mal camino quienes esperan del presidente electo que honre sus compromisos y cumpla con la palabra empeñada, como lo demostró nuevamente en este caso.

Claro, si ya obró de esa forma nada menos que con su aliado natural del Partido Colorado, Horacio Cartes, sin cuyos votos jamás hubiera podido siquiera soñar con la presidencia, atropellando incluso la institucionalidad del país, ¿por qué no lo hubiera hecho con Ibáñez’i?

En lo que respecta a las prácticas desleales y a la traición, como método para obtener sus fines, con Marito bien puede aplicarse la fábula de “el escorpión y la rana”. El primero le pide que le ayude a cruzar el río prometiéndole que no le picaría, pues en ese caso ambos morirían ahogados. Como todos sabemos, la rana le creyó el cuento, que sonaba lógico, pero, a mitad de trayecto, fue picada por el escorpión, preguntándole horrorizada por qué lo hizo, a sabiendas de que ambos morirían. A lo que el escorpión respondió escuetamente: Es mi naturaleza.

Pareciera que Esopo, a quien le atribuyen la fábula en cuestión, se inspiró en personas como Abdo Benítez. El “Trato Kure”, no hay duda, es fruto de su propia naturaleza.

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